Hace seis años, del mismo modo que si fuesen desclasificados documentos secretos, Lumen y Sudamericana publicaron una obra inédita de Jorge Luis Borges. Aquella obra, en apariencia sobre el folklore argentino, se tituló ‘El tango’, que fue la excusa con la que Borges narrase a la manera homérica, es decir, oralmente en cuatro conferencias sobre diversas anécdotas. Fue una resurrección en las inmediaciones de las librerías, el lector salía a la calle ojeando las páginas y acomodándose en la cafetería o banco del parque que le viniese a mano. La publicación de un libro de Borges es siempre un destacable evento editorial, y en esta nueva ocasión se debe a la obra conjunta con su amigo, el escritor bonaerense con aspecto de dandi, Adolfo Bioy Casares, que estos días publica Lumen con el título ‘Alias’. Sorprenderá a quienes lo desconozcan el descubrimiento de la primera colaboración entre Borges y Bioy en los años treinta del siglo pasado, es decir, que no fue por ningún género propiamente literario, sino por un folleto singular para una cadena de lecherías de Buenos Aires, La Martona, que era propiedad de la familia de Bioy, y donde ambos contaban lo beneficioso de la leche cuajada desde la antigua Grecia.

La relación entre estos dos grandes escritores de la literatura en español del siglo XX se remonta a una reunión en casa de la gran intelectual argentina Victoria Ocampo -escritora, editora, y periodista en los juicios de Nuremberg, como su coetánea Rebecca West-. La amistad fue tan estrecha que Borges introdujo a su amigo Bioy como personaje en uno de sus cuentos más célebres, ‘Tlön, Uqbar, Orbis Tertius’, e incluso también cabe destacar la colaboración con ambos de la misma mujer de Bioy, Silvina Ocampo -hermana de Victoria Ocampo-, en la publicación del extraordinario libro ‘Antología de la literatura fantástica’ (Edhasa).

Este reciente volumen de casi seiscientas páginas, pero de una lectura fulgurante, ‘Alias’, es la compilación de historias de literatura noir con los seudónimos de Honorio Bustos Domecq y Benito Suárez Lynch. Decía Vladimir Nabokov que los escritores son embaucadores, de modo que esta alianza narrativa entre Borges y Bioy aún continúa sonando como el plan conjunto para el golpe del siglo en la literatura. El feedback entre Borges y Bioy fue tan potente que su obra conjunta fue como armar una pistola, juntar las piezas y disparar un ritmo narrativo eléctrico, el tercer escritor del que habla Alan Pauls en el prólogo, un escritor aún desconocido para muchos, el «Biorges», algo así como el ligre, ese animal híbrido y descomunal cuando se cruza un león con una tigresa. El «Biorges» fue algo distinto propiamente que Borges o Bioy por separado, digamos una delicatessen literaria, subir hasta el último escalón de la Torre de la Victoria en el Rajastán, de la que Borges habla en ‘El libro de los seres imaginarios’ (Ed. DeBolsillo), donde algunos, al llegar hasta lo alto de la torre, contemplaban ese espíritu azulado de A Bao A Qu, como cuando se lee las historias de Isidro Parodi, personaje del escritor ficticio Bustos Domecq, que recibe a otros personajes en una prisión, y que al leerlo el lector siente los espíritus literarios de Borges y Bioy bajo un seudónimo.

Alias. Obra completa en colaboración

  • Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares
  • Editorial: Lumen
  • Precio: 23,65 €

Uno de los elementos que caracterizan a este tercer escritor, hijo de padres de tan sonado abolengo literario, es el ritmo narrativo. Borges, que parecía rehuir los argentinismos por un español más universal, juega a introducirlos junto con Bioy en este volumen, pero que a pesar de ello no lastra la lectura para lectores del resto de países hispanohablantes. En una entrevista a Borges por Joaquín Soler Serrano en el mítico programa de los años setenta ‘A fondo’, en TVE, decía que el único idioma para escribir era el del lenguaje oral, y que el lenguaje barroco es una soberbia del escritor, que en sus inicios él escribía así, digamos que hay momentos en que Borges se parodia a sí mismo en esta colaboración con Bioy.

A diferencia de otros, que escribiendo de manera colaborativa han utilizado un seudónimo para ganar un cuantioso premio literario, Borges y Bioy lo hacían por diversión, Silvina Ocampo contaba la anécdota de cuando ellos se reunían en casa y, al otro lado de la puerta del salón donde se encontraban, ella escuchaba sus risas, es decir, parece que se divertían escribiendo las historias de Bustos Domecq y Suárez Lynch.

Una vuelta de tuerca para conocer más a ambos autores es, sin lugar a dudas, leer sus colaboraciones, en las que uno se puede preguntar, ¿qué mente predominó más, la de Borges o la de Bioy? Borges fue siempre más generoso, fue mentor de su amigo, además era quince años mayor que Bioy, y que con la perspectiva del tiempo conocemos una grandeza desigual, pero a su vez fructífera y estimulante entre ellos, digamos que fue la colaboración entre un maestro y un discípulo.