Parte de la calle Eslava se terminó asentando sobre el cauce del arroyo del Cuarto, que desde mediados de los 80 del pasado siglo continúa, aguas soterradas abajo, por las calles Jovellanos y Jacinto Verdaguer.

En 1887 las autoridades malagueñas decidieron dar el nombre de Eslava a la calle más próxima a los restos del convento carmelita de San Andrés, en El Perchel. Los políticos de la época tuvieron tino al recordar en este emplazamiento a Hilarión Eslava, pues además de un gran promotor de la ópera española, el músico era sacerdote y compuso mucha música religiosa.

El convento de los carmelitas descalzos estuvo, hasta la extensión de la Málaga industrial, en el ‘finisterre’ de la ciudad. Más allá del arroyo del Cuarto había huertas y para dejar constancia de ese extremo, junto al convento se encontraba el baluarte defensivo de San Andrés, del siglo XVII, que los religiosos conectaron con el convento para defenderse mejor de los piratas, en unos tiempos en los que el mar, por esos andurriales percheleros, estaba a un tiro de piedra.

El fuerte, por cierto, incorporaba una de las dos antiguas torres de Fonseca, las que tuvieron protagonismo en la conquista de Málaga por los Reyes Católicos.

Todos estos datos defensivos y conventuales, investigados por expertos como Francisco Cabrera, Antonio Lara Villodres o Francisco Rodríguez Marín, pueden revivirse estos días desde la calle Eslava, porque el convento de San Andrés sale de su olvido, gracias a las obras municipales de rehabilitación.

Como recordarán, el plan inicial del Ayuntamiento era construir el mercado de calle La Serna en el solar del edificio pero en 1999, Francisco de la Torre, por entonces concejal de Urbanismo, a instancias de la asociación de vecinos Los Percheles paralizó una demolición parcial y se avino a rehabilitarlo. Por entonces no tenía protección.

Por el camino, las declaraciones de un concejal que restó valor al edificio por la falta de elementos artísticos -los humildes carmelitas descalzos eran austeros, qué le vamos a hacer-.Meteduras de pata aparte, como sucede en tantos casos, en el cambio de timón municipal tuvieron mucho que ver los vecinos y en especial la mencionada asociación de vecinos y el Centro de Desarrollo Estratégico del Perchel, que tantas ideas novedosas aportaron para el barrio, incluida la conservación del edificio.

En nuestros días, desde la calle Eslava puede verse el renacimiento del bellísimo convento del Carmen. Sigue en pie gracias al tesón de los percheleros. Felicidades.