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La Opinión de Málaga

Política

El verano trágico del PSOE andaluz

A Juan Espadas se le acumulan los problemas en la familia socialista del sur tras la debacle electoral del 19 de junio

Juan Espadas, Pedro Sánchez y otros dirigentes socialistas, durante el mitin celebrado en Cártama en la campaña del 19J. | ÁLEX ZEA

En el plano político, el incontestable triunfo del PP en las elecciones andaluzas ha generado un ‘efecto dominó’ que ha alargado la resaca durante todo el estío y marcará el inicio del nuevo curso. En este preciso instante, han confluido una serie de factores negativos y caídas en desgracia que han consumado el verano trágico del PSOE andaluz. La federación más pujante del socialismo nacional se ha desinflado en cuestión de pocas semanas. A la mayoría absoluta de Juanma Moreno le siguió la confirmación de la sentencia de los ERE, que remite a la corrupción en los gobiernos andaluces de los socialistas Manuel Chaves y José Antonio Griñán.

Y, a día de hoy, el reguero de sangre no cesa. El capítulo más reciente ha confirmado carencias de índole económica, después de que la plataforma crítica Hacer PSOE aireara en las redes sociales la circular con la que la dirección regional ‘pasa la gorra’ para aliviar sus arcas entre las agrupaciones locales de toda la región.

A Juan Espadas se le acumulan los problemas en la familia socialista del sur tras la debacle electoral del 19 de junio. El líder orgánico no logra sacudirse el síndrome del perro flaco y tales muestras de debilidad hacen que la renovación emprendida para derrocar a Susana Díaz salte por los aires. Solo ha transcurrido un año desde que Espadas asumiese, el 23 de julio de 2021, el poder absoluto y alcanzase tras un pacto con su antecesora la secretaría general. Un poco antes, en las primarias del 13 de junio, se había ganado el derecho a ser el candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía.

En diversos sectores del PSOE andaluz -que incluso trascienden a ese 40% de la militancia que apoyó en las primarias a Susana Díaz- existe la sensación de que Juan Espadas se ha visto sobrepasado por la debacle electoral y, desde el pasado 19J, ha encadenado una serie de decisiones poco afortunadas. Una de las cuestiones que se le está reprochando es que no da ejemplo al acumular cargos y continuar como senador por designación autonómica, en lugar de centrarse en la dicotomía de liderazgos que le tiene al frente del partido tanto en el Parlamento andaluz como en la sede socialista regional de la sevillana calle San Vicente.

La gota que ha colmado el vaso ha sido el ‘tributo’ que le ha impuesto a las agrupaciones locales para sanear la economía de la dirección regional, tras la pérdida de poder en las elecciones andaluzas y desembolsos como los que provocaron la celebración de las elecciones primarias o el consiguiente congreso para la coronación del nuevo líder.

Sin ir más lejos, las facciones críticas del socialismo andaluz recuerdan ahora, en plena recolecta de fondos, que el cónclave de Torremolinos del pasado otoño «fue celebrado a lo grande, al estilo exhibicionista de la política americana, y con un derroche de dinero que no debe permitirse un partido como el PSOE». Este intervencionismo de las arcas de las casas del pueblo está siendo especialmente cuestionado por la consiguiente merma económica que supondrá en puertas de las elecciones municipales, previstas a finales de mayo de 2023.

La exigencia por carta de esta aportación económica ha sido considerada «otra torpeza» de Espadas, máxime cuando el ambiente en el municipalismo socialista ya no era el más idóneo.

Tras el resultado del 19 de junio, alcaldes y portavoces municipales del PSOE se abrazaron al pesimismo e incluso comentaron en sus círculos más próximos que la presencia en la campaña electoral de la próxima primavera de un líder recién derrotado, como es tras los comicios andaluces el exalcalde de Sevilla, podría restar más que sumar.

Mientras tanto, fuentes oficiales del partido se apresuran a capear el temporal y ‘con la boca pequeña’ defienden que el PSOE andaluz está preparado para conservar sus actuales alcaldías cuatro años más. Eso sí, en ningún caso se habla de ampliar el notable poder cosechado -con el viento a favor de las generales de abril de 2019- en las anteriores municipales. El escenario más optimista es sintomático hasta el punto de que solo se aspira a mantener lo que ya se tiene. De hecho, las previsiones más realistas apuntan a que, igual que le ocurrió al PSOE con el triunfo de Pedro Sánchez aún fresco, el PP se aprovechará del tirón de la victoria de Juanma Moreno para ganar terreno en los ayuntamientos andaluces.

De ahí que los socialistas más agoreros no tengan muy claro si el liderazgo de Espadas sería capaz de aguantar otro revés electoral en mayo de 2023, que podría traducirse a su vez en la pérdida de buena parte de seis de las ochos diputaciones provinciales andaluzas logradas en la etapa de Susana Díaz.

Con su gestión cada vez más cuestionada en el seno de la familia socialista andaluza, el puesto de senador podría ser el ‘plan B’ con el que subsistir en caso de que el aparato de la madrileña calle Ferraz termine entregándole el timón andaluz a su actual número 2 nacional, María Jesús Montero.

Ahora bien, a día de hoy no se trataría de un relevo viable y de momento se dará paso a una continuidad en modo ‘travesía del desierto’ que mantendría a Juan Espadas como líder. Al menos, hasta después de las elecciones municipales o, lo que sería más lógico, hasta después del ciclo electoral que culminará medio año después con la celebración a finales de 2023 de las Elecciones Generales.

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