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Crónicas de la ciudad

El fin del aislamiento de la costera Sacaba Beach

La llegada de los edificios para gente con posibles del arquitecto Carlos Lamela puede ser la clave para que Sacaba Beach gane en servicios y equipamientos próximos.

La playa de Sacaba Beach, la semana pasada. A.V.

El precioso plano de Emilio de la Cerda de 1899 de Málaga y sus alrededores no deja lugar a dudas: entre el Cortijo de Santa Paula y el del Pato, más próximo a la playa de la Misericordia que los otros dos, se encontraba el Cortijo de Nunca se Acaba, desde el que con toda seguridad se podría ver, en lontananza, el cuartel de carabineros.

Cuando hacia 1965 se empezó a levantar la urbanización de Sacaba Beach es probable que en la zona permaneciera el nombre de este curiosísimo cortijo y que las nuevas edificaciones lo heredaran transmutado en ‘Sacaba’, el nombre popular, aunque en realidad el cortijo más próximo a la nueva urbanización fuera el de la familia Briales.

Sacaba Beach y las ruinas del viejo cuartel de carabineros fueron el finisterre de Málaga antes de llegar al Guadalhorce, la señal de que la playa de la Misericordia llegaba a su fin y con ello Málaga.

Durante lustros, Sacaba Beach fue una isla de tranquilidad pero el aislamiento también trajo sus problemas. Hace unos años, los vecinos se lamentaban de que la EMT no llegara aún a esta parte de Málaga y tuvieran que ir andando hasta Parque Litoral. La línea 40, aunque todavía muy esporádica, ya está a dos pasos del barrio.

También se quejaban de que, cuando se levantó, la playa era lo suficientemente ancha como para no meterse en camisas de once varas (las de la Demarcación de Costas), pero las obras de encauzamiento del río y las del Puerto encogieron la playa, como pasó en la de San Andrés de Huelin, y estaban unos pocos metros dentro de una zona de tránsito en la que no se podía construir.

La semana pasada, una excavadora parecía jugar con la arena como un niño grande, frente a la muralla blanca de Sacaba, presidida por el lado de la urbanización por un panel cerámico de la Virgen del Carmen.

Una de las sendas de Sacaba. A.V.

Lo más curioso de esta recatada urbanización son sus ‘senderos’, pues cuenta con varias calles llamadas 'sendas', en realidad una sucesión de casas mata acompañadas de mucho verde, entre el que se cuida en estos paseos y las plantas que asoman de las casas: Senda de la Victoria, Senda de Miraflores y Senda Malagueña.

Hay también una calle Mirador de Suecia, parece que porque un grupo de suecos se asentó en esta urbanización, tan próxima a Torremolinos.

Y tan próxima ya a las torres de Carlos Lamela (lo de ‘Málaga Towers’ da un poco de sonrojo decirlo por sus resonancias paletas). Esos bloques para ‘potentados’ pueden ser la clave para que Sacaba gane en servicios y equipamientos próximos y si no, al tiempo.

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