Yo tuve la suerte, periodísticamente hablando, de haber vivido momentos muy intensos, a veces duros y conflictivos, pero la mayoría de las veces gratificantes, de mucha ilusión y esperanza desde que nos dimos como pueblo la democracia, enterrado el dictador. Y los viví en primera fila lo que tiene el valor, si se me permite decirlo, de haber estado en el meollo de la historia reciente de Andalucía escrita en no pocas ocasiones con el esfuerzo y trabajo de quienes entendían y luchaban por sacar a nuestra comunidad del olvido, la miseria y el caciquismo; de la vergüenza y humillación a la que la habían sometido los poderes franquistas. Tengo escrito que hay cinco momentos en los que me sentí ciudadano de primera, con capacidad para invertir la desgraciada historia en la que estaba sumergida Andalucía. La primera, se vistió de sangre con el asesinato de García Caparrós (4 de diciembre de 1977), la segunda, en mayo de 1978 cuando en Cádiz es elegido presidente de la preautonomía a un juez íntegro, honesto en su pensamiento político, discreto y, a veces, distante, Plácido Fernández Viagas. La tercera cuando en diciembre de 1978 se firmó el Pacto de Antequera, el dietario de la Autonomía andaluza, proyecto liderado por quien más tarde sería presidente de la Junta, José Rodríguez de la Borbolla. La cuarta, como no podía ser de otra manera, el referéndum autonómico del 28 F de 1980. Y una quinta, cuando en 1991 los presidentes de las cajas de ahorros de Ronda, Antequera, Almería, Cádiz y Málaga se fusionaban para crear Unicaja, bajo la presidencia del catedrático de Derecho Administrativo, Braulio Medel. Estaba, y lo estoy ahora, que así como el dotarnos de una autonomía por el artículo 151 de la Constitución significó abrir la puerta de la esperanza social y política, cuando se firmó la fusión de las cajas se daba un paso decisivo para fortalecer el tejido económico de nuestra tierra.

Unicaja ha sido y es la entidad capaz de estar presente, con su apoyo y fuerza, en el tejido social y económico de Andalucía gracias a una eficaz gestión, primero de Braulio Medel y su equipo, y de su sucesor, Manuel Azuaga, dos personas a las que les une la misma pasión por su oficio, la demostrada capacidad para gestionar dineros y recursos ajenos, además de un innato sentido por la discreción y saber moverse en las aguas, a veces turbulentas, de la política, mejor, de los políticos. Braulio Medel tiene acreditado ser un hábil componedor, dominar la estrategia del difícil arte de buscar y encontrar puntos de consenso, algo que hoy es difícil que cotice en la bolsa política, pero también de saber detener el tiempo, de capacidad de resistencia inusual y tenaz defensa de criterios y valores cundo se entra en terrenos opinables. Ahora le ha tocado a Manuel Azuaga cerrar la penúltima etapa de Unicaja Banco. No todo ha sido igual. Si entonces primaban los valores en los que estaban inmersos las cajas y buscar puntos de coincidencia, hoy en día ha sido necesario valorar y ponderar otros principios y a fe, por lo que conozco, que Manuel Azuaga, con la dureza flexible de quien sabe manejar y defender los principios básicos en su acreditada solvencia para situar a Unicaja Banco entre las primeras entidades de España y ha cerrado un ciclo del que sentirse orgulloso.

No sé si algún día, alguien acometerá la osadía y apasionante tarea de escribir la intrahistoria política de Unicaja, sobre todo cuando se vio en la tesitura y mandato recibido de fusionar las cajas andaluzas, sobrevolando la Iglesia y sus poderes mediáticos; de sacristías y canónigos y pretensiones personales inconfesables en el seno de la entonces llamada Cajasur o cuando desde el ombligo de la Junta de Andalucía (llámase Manuel Chaves y Magdalena Álvarez) agitaron las aguas económicas andaluzas para alcanzar la Caja Única, que no sería posible. Tengo para mí que ni la corte de Versalles, con Luis XV, vivió momentos más intensos, más calientes, más silentes, más duros y exigentes, con los cuchillos entre los dientes, navajeando hasta al lucero del alba. En las tierras del Sur conocí a más de un cardenal Richelieu por desgracia. A veces, me pregunto cómo fue capaz el presidente Medel de mantener el equilibrio, la sensatez, escapar de las presiones y capaz de sortear y torear tanto miura como se cruzó en su camino.

De entonces a ahora se ha recorrido un trecho, no exento de problemas y tensiones, pero sobre todo pleno de éxitos, sustancialmente valiosos por el nivel de excelencia que ha rodeado a la gestión de Unicaja Banco, con su Fundación, pieza fundamental y clave en la consolidación de la imagen social, cultural y universitaria de la entidad, con tal grado de eficacia en su gestión que llegó a situarla entre las doce entidades más solventes de Europa. Manuel Azuaga recogió de forma muy eficaz, discreta y solvente el testigo de Braulio Medel y hasta aquí hemos llegado, con Liberbank integrado en Unicaja consiguiendo con ello alcanzar el quinto puesto de las entidades bancarias de España. Unicaja Banco se ha hecho mayor, con más músculo financiero y social. Ahora y durante dos años le toca a Manuel Azuaga responder al reto. Lo sabrá hacer pero que no olvide que la talla de los dirigentes se mide por el respeto y defensa de los valores sociales y de la dignidad de los trabajadores.