De nuevo la evidencia viene a poner sobre la mesa la desigualdad y la mayor vulnerabilidad de las mujeres y como, en situaciones de crisis, se agudiza la carga social que recae sobre ellas y aumenta la indefensión ante la vulneración de sus derechos y la violencia.

Las organizaciones sociales de nuestra ciudad hemos podido comprobar fehacientemente, como son las mujeres las que están sufriendo la peor parte de esta crisis sanitaria, económica y social.

Las mujeres, sometidas sistemáticamente a una mayor vulnerabilidad y a precarias condiciones laborales y sociales, han visto empeorados todos los indicadores que, tradicionalmente, forman parte de los alegatos reivindicativos del día 8 de Marzo por la igualdad real de hombres y mujeres.

Los diferentes estudios realizados, desde diferentes ámbitos sindicales, sociales y académicos, han dejado en evidencia como la brecha salarial entre hombres y mujeres se ha situado en el 23%, una cifra que se remonta a los registros de 2013 y que es un punto superior al dato registrado en los últimos 6 años.

La repercusión en el empleo durante la pandemia también ha reflejado la desigualdad con la que las mujeres compiten en el ámbito laboral. La Encuesta de Población Activa (EPA) ha evidenciado el aumento del volumen de mujeres que han accedido a un contrato temporal en 2020 (2.081.700) con respecto a 2019 (1.919.000) lo cual supone un aumento de +162.700; frente al aumento de solo +27.700 en el caso de los hombres 2.185.100 en 2019 y 2.212.800 en 2020. También, según la EPA, tres veces más mujeres que hombres tuvieron un empleo a tiempo parcial: 2.081.700 frente a 717.400.

La precariedad en el empleo ha sido evidenciada en el mayor uso de los servicios sociales por parte de las mujeres quienes, en situaciones de crisis, se revelan como las proveedoras y sostenedoras de las familias en la búsqueda de recursos para remediar la situación familiar.

También han debido asumir una mayor responsabilidad en los cuidados que las ha hecho sufrir una mayor carga laboral y un mayor estrés. La combinación trabajo telemático/cuidados ha sido letal para las mujeres, que han debido compaginar trabajo remunerado con trabajo doméstico habitual, cuidados de mayores y el cierre de colegios.

La brecha de género ha evidenciado, igualmente, la estrecha relación entre el número de contagios y los factores de riesgos de las mujeres, debido a su mayor papel como cuidadoras y la prevalencia de determinadas patologías previas.

Un dato evidente nos lo proporciona ese 76,5% del personal sanitario con Covid-19 que son mujeres.

También el aumento de las denuncias por violencia machista y el incremento de llamadas a los teléfonos especializados y a otros recursos para víctimas, durante los períodos de confinamiento, han demostrado que las mujeres han estado expuestas a un mayor peligro por la convivencia confinada con sus maltratadores.

Podríamos concluir que la pandemia ha dejado en evidencia que la situación estructural de vulnerabilidad de las mujeres, como cada 8 de Marzo gritamos reivindicando nuestros derechos, es una dolorosa realidad que la sociedad debe prestarse a solventar.

*Lola Fernández Gutiérrez es presidenta de INCIDE