Sin lugar a dudas, la influencia helvética en cuanto al desarrollo de la evolución del fútbol tanto en Madrid como en Barcelona se antojó crucial a finales del siglo XIX. Si bien fueron los ingleses los que inicialmente introdujeron este novedoso sport en la Península, quienes lo hicieron evolucionar dentro de las dos urbes más grandes del país, fueron precisamente dos personajes de gran relevancia procedentes del centro de Europa. Mientras que en la ciudad Condal Joan Gamper fundó el F.C. Barcelona, en Madrid, y con la firme intención de llevar un cierto orden durante el desarrollo del juego, otro suizo, en este caso el señor Paul A. Heubi (1878-1927), implantó las primeras reglas que dieron cierto criterio a los partidos.

Natural de Winterthur, trabajaría como empleado en el banco que llevaba por nombre el de su ciudad natal, el Banco de Winterthur, para posteriormente dar el salto y ser contratado por el decano de los bancos franceses, Credit Lyonnais, a condición de que aceptase el traslado a Madrid para dirigir la sucursal gala en España en 1898.

Volviendo al tema que nos concierne, que no es otro que su gran pasión: el fútbol, a sus 18 años ya era considerado el mejor jugador de su equipo, el Winterthur F.C., siendo a su vez el capitán Brazalete que ostentó hasta el 23 de mayo de 1897; cuando en un partido correspondiente al campeonato suizo que les enfrentó al Excelsior de Zürich, sufriera la rotura de la clavícula en una jugada desafortunada, hecho que le dejaría en el dique seco durante mucho tiempo. Su club no se iba a olvidar de él y en ese momento sería nombrado vicepresidente del club, hasta el citado trasladado a España, donde ya recuperado de la lesión, volvería a calzarse las pesadas botas de la época para seguir dando puntapiés al esférico.

Una vez afincado en Madrid, no sólo se dedicó a su labor bancaria con gran profesionalidad, sino que esa pasión la trasladaría a los terrenos de juego. Esa misma devoción que procesaba por el balón, le hizo entablar una estrecha relación con Julián Palacios y los hermanos Padrós, pioneros del emergente Madrid Football Club, –el Real Madrid de la actualidad–.

Pero Heubi no solo era un gran jugador, sino que especialmente será recordado en la capital como el pionero en establecer las primeras reglas de juego. Su obsesión era la búsqueda de unas mismas pautas de conducta durante el desarrollo de los partidos. Como buen suizo obsesionado por el orden y la equidad, su insistencia terminaría por calar hondo entre todos los players madrileños, acatando sin discusión alguna, aquellas normas establecidas por su nuevo compañero de filas.

Su paso por España apenas duraría dos años, en los cuales estuvo enrolado en las filas del Sky FootBall Club, pero su figura quedaría marcada para siempre en la historia del fútbol madrileño por ser el propulsor de un reglamento por el que se rigiese un partido de fútbol. Tales hechos fueron recordados por el propio Julián Palacios, el primer presidente de la historia del Real Madrid, en El Libro de Oro del Real Madrid, con motivo de las Bodas de Oro del Club (1902-1952), con las siguientes palabras: «No éramos más de treinta los socios, y solo pagábamos la cuota unos cuantos. El principal animador del club era un suizo llamado Paul Heubi. Era difícil reunir un equipo, y más de una vez tuvimos que jugar siete u ocho. Otras les prestábamos jugadores a los contrarios que en el fondo éramos nosotros mismos, porque solo existía el Sky».

Con todo, quienes realmente dieron fe de la gran figura que supuso Heubi en la influencia del juego del fútbol en Madrid fueron los hermanos Giralt, de origen galo y compañeros del suizo en el Sky: «Antes de fundar el Madrid ya jugábamos al fútbol... Nosotros fuimos los introductores del fútbol en Madrid cuando éramos unos chiquillos de dieciséis años... Entonces fundamos el Sky, que fue el primer equipo constituido en la Corte. Y jugábamos como podíamos: siete contra siete, catorce contra doce, cinco contra cinco o contra seis... Hasta que llegó un suizo, apellidado Heubi, que es el que nos instruyó en el juego de una manera reglamentaria». El Imparcial (5-9-1928).

A su vuelta a Suiza fue presidente del FC Montreux-Sports, no regresando jamás a Madrid, pero dejando su enorme huella dentro de la sociedad madrileña apasionada por aquel entonces del emergente juego del football.