La batalla del Prater de Viena, dilucidada el 14 de noviembre 1956, había dejado un parte de guerra como jamás antes se había vivido en un partido de fútbol. El 1 de aquel mismo mes, el Madrid había vencido en Chamartín por 4-2 al Rapid de Viena, y para la vuelta todo parecía sentenciado, pero, ¡nada mas lejos de la realidad! Al poco del comienzo del partido en el infierno vienés, Oliva sufriría una terrorífica entrada que le dejaría el muslo en carne viva: ¡hasta se le veía parte del hueso! Ernst Happel a los 19’ pondría por delante a su equipo. A los 39’ ampliaría la ventaja y a los 42’ completaría su hat-trick particular. Por primera el equipo blanco desde la creación de la Copa de Europa se encontraba eliminado. A todo esto, Juanito Alonso se rompe una mano y sus facultades físicas bajo palos se vieron muy mermadas. Menos mal que el de Hondarribia supo ocultarlo y aguantar el tipo estoicamente para que los austriacos ni se coscasen del tema.

Todo estaba en contra y para mayor inri, don Santiago durante el descanso daría forma a su primera «Santiaguina» que tan popular haría, para arengar a los suyos: «¡Mujerzuelas! ¿Qué hacen ustedes ahí, lloriqueando? ¡Me da vergüenza verles, pero más vergüenza me ha dado verles ahí fuera! ¿Saben cuántos trabajadores españoles hay ahí, saben que algunos han venido de lejos, saben que mañana se van a burlar de ellos, saben los sacrificios que hace esa gente para mandar a España las divisas? ¡Son ustedes indignos de todo eso! ¡Mujerzuelas!... Y si les queda algo de vergüenza, salgan ahí y compórtense como hombres».

Heridos en su orgullo, los 9 jugadores y medio que aún se mantenían con vida, saltaron para disputar el segundo tiempo, a los mandos de la infatigable Saeta Rubia, quien de una tremenda chilena anotaba el gol que llevaría a jugar un partido de desempate. 3-1.

Berasaluce es uno de los grandes porteros de la historia del Real Madrid y del fútbol español. La Opinión

El don de palabra de Raimundo Saporta con el tema del reparto del taquillaje si se jugaba en Madrid, convenció a los austriacos para que se dilucidase la clasificación para los cuartos de final en Chamartín. Y fue ahí cuando saltaría a escena Javier Berasaluce, quien sustituiría a Juanito Alonso bajo palos, para disputar uno de los partidos más importantes de la historia del Madrid.

Los ecos llegados desde Viena respecto a la resaca del partido de vuelta encendieron enormemente los ánimos de los hinchas blancos, que en una de las tardes más mágicas que se recuerden en el Viejo Chamartín, y con una actuación soberbia de Berasaluce, llevaron en volandas a su equipo para que los merengues vencieran, con goles de Joseíto y Kopa, por 2-0 al campeón centroeuropeo.

Javier Berasaluce, nacido el 4 de enero de 1931, en Deba (Guipúzcoa), formó parte del Real Madrid más grande de la historia, el de las cinco primeras Copas de Europa. Disputaría su primer partido oficial con los blancos ante el Deportivo de la Coruña el 30 de octubre de 1955, y el último en Mestalla el 6 de octubre de 1957.

Se educó de niño en los Salesianos de Deusto, donde se inició en el fútbol como portero, y cuya agilidad felina le valió para jugar en la Real Sociedad. Pero el salto al profesionalismo lo daría a los 20 años en el Alavés, donde jugaría hasta 1954. Tras vestir la zamarra blanca entre 1955 y 1960, ficharía por el Racing de Santander hasta colgar los guantes en 1963.

Plantilla del Real Madrid. La Opinion

Así me contó como el Real Madrid le contrató: «Durante algún tiempo íbamos jueves sí y jueves no a jugar partidos amistosos a Madrid, algo muy curioso, y es que resulta que el Madrid contrató a un fotógrafo para que me siguiese en los partidos con el Alavés. Y en uno de esos días y cuando paseaba por la calle, de repente el Sr. Juan Antonio Ipiña, que por entonces era secretario técnico del Real Madrid, me asaltó literalmente para decirme: «¿Usted es Javier Berasaluce?». «Sí». «¿Le gustaría jugar en el Real Madrid?». Y yo le dije que sería un verdadero sueño. A la semana siguiente me presenté en las oficinas del club para enrolarme en las filas blancas. Recuerdo no haber firmado contrato alguno ya que no hizo ni falta. Jugar en el Madrid era a lo máximo que se podía aspirar por entonces».

Aquella inolvidable tarde del 13 de diciembre de 1956, el Real Madrid presentó la siguiente formación: Berasaluce, Atienza, Marquitos, Lesmes, Santiesteban, Zárraga, Joseíto, Kopa, Marsal, Di Stéfano y Gento, donde nuestro protagonista, el Lince de Deba, lograba sentar cátedra bajo los palos del Viejo Chamartín, haciéndose un hueco en el mejor equipo de la historia. El Real Madrid «Pentacampeón» de Europa.