Ayer jugaste tu último partido esta temporada. Tienes que aparcar tu hobby, que es el baloncesto, para irte a Madrid por algún tiempo a seguir creciendo como traumatóloga. No sé por qué, lo mismo no soy objetivo por la admiración que te tengo, que te tenemos, o porque me has ganado como persona, pero tengo el presentimiento de que vas a triunfar en la traumatología. Perdemos a una magnífica jugadora en la pista, aunque seguirás siendo parte de este equipo, y la medicina gana a una gran doctora.

Tú eres de esas jugadoras que todos los entrenadores queremos tener en el equipo. No eres de hacer 20 puntos. No eres de hacer jugadas que te levanten del asiento. Quizás hasta pasas desapercibida para alguno. Pero ya te digo yo, que tengo el pelo blanco, que verte defender es de nivel top, que solo he visto sacar faltas de ataque con una técnica tan precisa a Alberto Díaz y que a ti no hay que explicarte que el equipo está por encima de cualquiera de nosotros. Tú esto lo tienes clarísimo.

Muchos que piensan que saben de baloncesto dirán que no eres una jugadora de talento. Son unos ilusos. Tú eres talento. Y es que el talento es poner todos los recursos tácticos y técnicos que posee una jugadora en favor del equipo. Dar todo sin esperar recibir nada a cambio, eso eres tú. Y te digo que quien entienda de conceptos defensivos, quien disfrute de ver jugadoras trabajar en defensa en el poste bajo o a siete metros del aro, flipa al verte jugar, te lo aseguro. Como yo he disfrutado esta temporada, que para ti se acaba hoy, de ser tu entrenador, de compartir contigo horas de cancha trabajando y de alucinar viendo cómo eres capaz de mostrar el día del partido en la pista todo eso que hemos trabajado tan duramente y siendo tan pesados durante tantas y tantas sesiones.

Tú eres una soldado del baloncesto, esas jugadoras que hacen que otras den el máximo de sí en el día a día porque si no perderán contra ti. Has sido un lujo para las más jóvenes, que han aprendido de ti muchísimo.

Estoy seguro de que el crecimiento que ha mostrado Carmen esta temporada es sin duda debido en parte a su gran esfuerzo y en otra parte a entrenar contra ti muchos días y a jugar contigo otros muchos.

Lo más bonito es que ese sacrificio que muestras en la cancha y que transmites a las demás, ese conocimiento del juego defensivo y ese altísimo umbral para la exigencia venía siempre acompañado de una sonrisa en tu cara. Una sonrisa que es reflejo de que disfrutas haciendo ese trabajo y no sabes lo divertido que es disfrutar viéndote disfrutar.

Oye, pero encima cada día me has enseñado que no solo eres una jugadora top en defensa. ¡Vaya manita que tiene la niña! Tienes a cinco metros del aro uno de los porcentajes más altos de acierto que he visto en estos dos años que llevo empapándome de baloncesto femenino. Pero encima en Granada hace unos días ya te atreviste a tirar de tres puntos como lo hacen las campeonas, tirando para meterla.

Solo me queda darte las gracias. Gracias por hacerme disfrutar tanto, por enseñarnos tanto y por mostrarnos que esto que hacemos y a lo que le dedicamos tantas horas se hace para eso, para disfrutar pero siempre con exigencia y compromiso. Y para ganar.

Te soy sincero si te digo que ha sido un lujo entrenarte, que bendito el día en que Inés me propuso incorporarte al equipo y que no sé si habrás aprendido algo de mí, pero te aseguro que yo he aprendido muchísimo de ti. Gracias porque tú me has hecho mejor entrenador esta temporada.

Te insisto, te perdemos en la cancha pero estarás presente en cada partido que nos quede por jugar esta temporada, que esperemos sean muchos, lo que significará que llegamos muy lejos en estos dos meses que nos quedan de competición.

Pierdo a una jugadora pero gano a una persona que se ganó un huequito en mi corazón, huequito que es para ella para toda la vida, con esa sonrisa que llena su cara cuando juega a baloncesto.

Un beso enorme, Sandra.