Tiene perejiles -expresión por cierto que se está perdiendo y no deberíamos permitir que ocurriese- que tenga que venir una pandemia mundial para que exista la posibilidad, el menos en planteamiento, de menear la Feria de Málaga de sitio en el calendario.

Cierto es, partamos de esa base, que la situación actual hace que nos venga bien hasta que la feria sea bimensual pues la ruina que tenemos encima sumada a las ansias vivas por alguna jarana no da opción a otra cosa.

Pero hay que ser listos. O al menos no desvelar que somos tontos. Y la situación actual es propicia para replantearnos ciertos formatos que, sin duda, son bastante mejorables.

Málaga es turística hasta la médula. Y eso, Dios mediante, no tiene visos de cambiar.

Estamos aún en los estertores de la pandemia y ya hay turistas por la calle. Apurando al máximo todo. El más mínimo resquicio legal. Gente que hace y deshace mil historias para venir hasta aquí con enormes dificultades. Pero les da igual. Personas que saben que tienen cuarentena de ida y vuelta, pero aún así aterrizan en Málaga para comer boquerones abiertos al limón de anteayer y sangría que aquí nadie toma.

Es por tanto evidente que, hagamos lo que hagamos, los tendremos con nosotros. Y es por eso por lo que toca testear este año una feria para Málaga en Málaga. Habrá igualmente turistas, visitantes, mochileros y canallitas. Habrá bares de copas muy llenos de chanclas y seres humanos haciendo las veces de regadera para rociar sobre nuestras calles el líquido poco procesado que poco tiempo atrás entró y va a salir por el mismo lugar.

Ese magnetismo entre la feria y lo chabacano seguirá latiendo -tranquilos merdellones-. Pero quizá estemos cada vez más cerca de nuestra fecha ideal para celebrar la feria. Septiembre y octubre son los meses idóneos para estos festivales.

Málaga mantiene unas temperaturas respetables allá por octubre. No se usa aún el 'llersi' pero la camisa lleva una vuelta menos en el remangue. Es perfecto. La ciudad sin 'roales' en los tejidos que cubren las espaldas no estarán allí. Ni las personas enseñando los pies. Todo eso habrá pasado y a nuestro favor tendremos un número inferior de extranjeros -entiéndase la frontera en Guadalmar, El Candado y la salida del Limonar-, así como unos colapsos algo menos difíciles.

Habrá pasado la etapa mala de los padres y los niños. Volverán a estar metidos en vereda. Y los libros y los estuches de marca Safta con el transportador de ángulos ya estarán pagados. No habrá que preocuparse por nada. Todo bien. Con la fragilidad propia de esas fechas de reinicio de la vida normal. Con las personas trabajando y todo lo bueno que ello supone para una fiesta.

Habrá días de feria con gente del trabajo y la perfecta justificación para tu marido o mujer. Hoy voy a la feria; no me esperes. Pero vaya que voy con los del trabajo… (modo 'vístima' para después aparecer como las grecas y oliendo a Massiel una mala tarde de invierno). Ahí está la clave. Como también estará en que, al ser en época en la que la mayoría trabaja, la cosa irá ligerita por la noche. Se reforzará el mediodía y todo será más decente.

Septiembre y octubre nos regalarán otros formatos más normales de feria. Desde la comida hasta la inmensidad de casetas imposibles. ¿Tú recuerdas algún bar o restaurante del tamaño de una caseta del Real de la Feria de Málaga? ¿Has estado en alguna discoteca tan inmensa? La respuesta es no. Por tanto, si la ciudad es capaz de bregar con el entretenimiento de manera adecuada en menores formatos… ¿por qué embrutecerlo para la feria?

Estamos a pique de un repique de conseguir algo muy bueno. Y, por cierto, más cercano de los días de la Patrona. Santa María de la Victoria seguro que está de acuerdo. Que pasen tranquilamente sus fechas. Que se celebre con armonía y elegancia. Sin tener que bajar de su santuario aún con las calles sembradas de orín. Y con todo dispuesto y nuestra Patrona de nuevo en su camarín, plantear unas fiestas que seguro nos saben a gloria y no a Cartojal.

La feria de Málaga en temporada alta la convierte en baja. Y por eso su nivel es tan complicado de digerir. Por eso es el momento de replantearlo todo. Achicando el recinto ferial. Sobra la mitad. Replanteando el sinsentido absurdo de que las peñas -o los fantasmas de ellas porque no son nada- sigan teniendo en su poder las casetas para después hacer negocios sospechosos con ellas con subarrendamientos raros, desdibujando un conjunto en nada homogéneo.

Pero, sobre todo, lo más importante, es que probablemente pasado el verano podamos tener una feria de Málaga para Málaga. Donde quepan todos los que deseen participar. Con las puertas abiertas pero procurando primero que sea de nosotros y ya luego si eso del turista. De lo contrario seguirá siendo un chiringuito con el único fin de ganar dinero y en ningún caso de celebrar.

La historia es cambiante. Se escribe una y otra vez. Y aquí no había feria del ganado. Y tampoco quedan claras ciertas fechas como para ubicar la feria en el mes de agosto. Por eso y por mucho más, Teresa de mi vida, ha llegado el momento de aprovechar este tren y cogerlo. Saldremos tan contentos que repetiremos.

Y estaremos consiguiendo lo nunca visto: desarrollar algo capital sin la presión del qué dirán. Estamos en pandemia. Y bajo ese paraguas todo es posible. Incluso dejar de ser merdellones para conseguir avanzar por el camino de la cordura. Apostemos por ello.

Viva Málaga.