Se nos ha ido la semana que ha visto la llegada de Antonio Jesús López Nieto a la presidencia del Unicaja y la finalización de los Juegos Olímpicos de Tokio, lo cual lleva de la mano el final de una generación que es por mérito propio, parte de la historia de nuestro deporte.

Quizá la salida de tanta gente importante del baloncesto español se ha alargado en el tiempo y lo que vivimos ahora tendríamos que haberlo visto antes, pero la marcha de Pau Gasol es el cierre a una época que no esperábamos y que seguro tardaremos en repetir.

Aquí en Málaga nos estamos acostumbrando a vivir con la realidad que supone no estar entre la parte noble del baloncesto, ni nacional, ni mucho menos europeo. Pues algo parecido nos viene con el equipo nacional.

Ésa era la denominación que le gustaba usar a Antonio Díaz-Miguel, persona y personaje imprescindible en nuestro deporte, en una época en la que pasar de cuartos de final en según que campeonato era para felicitarse, que equipos como Polonia eran escollos insalvables o que había que jugar fases previas porque España no era del paquete principal. Y además se clasificaban muchos menos equipos para campeonatos continentales y mundiales. Tiempos que muchos no han vivido.

Si las grandes figuras de los 80 con Díaz-Miguel pusieron en el mapa del baloncesto de selecciones a España, lo que han hecho la generación que se despide ahora y que la propaganda ha bautizado como «La Familia» lo ha metido en la historia para siempre.

Lo que empezaron en Varna en el Eurobásket de 1998 ese grupo de jugadores ha tenido por el camino los éxitos más grandes de nuestro deporte y no hay que ponerle pega alguna, aunque ocasiones como el Mundial de 2014 dejó patente que no servía cualquier fórmula para llegar al éxito.

Si tenías a los mejores en cancha, tenías que acompañarlos desde el banquillo también con los mejores. Tal vez, integrar en la ecuación a otras figuras como Aíto García Reneses o Sergio Scariolo quizá haya sido otro de los factores para que esto no se acabara unos años antes.

Ahora que muchos de los aficionados sólo han conocido días de éxitos, algo que también ocurre con la masa del Unicaja, me gustaría que entre todos se gestionara de forma adecuada, aprovechar a jugadores como Ricky Rubio, el cual muestra toda su solvencia en la NBA mientras recibe un revés tras otro en forma de traspaso, pero creo que merece ser una de las piedras angulares, como ya lo ha demostrado. Habría que saber qué hacer con los nacionalizados, los cuales se suponen que aportan valor a nuestro deporte pero a la hora de la verdad no están, ¿o alguien no ha echado de menos en una selección «cortita» a Nikola Mirotic o Serge Ibaka?

Está claro que con la aportación de cualquiera de ellos el tema hubiera sido distinto. También la relación de la FEB con los equipos, la Euroliga y la NBA lo mismo habría que verla para evitar ver cosas como ese engendro de las Ventanas, que sirve para entretener a los jugadores que luego en gran medida no van a participar en la cita real, con el problema de mayor sobrecarga de partidos y el riesgo que supone una posible lesión.

Que aquí todo el mundo viene a ganar dinero es lógico y normal, ¿alguien abre un negocio para perder? Y todo esto es un puro negocio, el problema viene porque en su día en España nos encontramos con una generación extraordinaria, que ya no está y que no se sabe cómo se va a poder reemplazar, porque para conseguir al grupo de «La Familia» ha habido algo más detrás que decisiones que aportasen valor. Y mucho menos con un rendimiento inmediato.

Es una tarea difícil y complicada, podremos discutir si a la selección han ido los que estaban ahora realmente mejor o no, aún teniendo claro que las semifinales se esfumaron el día de la derrota ante Eslovenia, y no por culpa de Luka Doncic, sino por permitir que Ziga Dimec pareciera un pívot de verdad, no un extra en una serie sobre sicarios del Este europeo. Hubiera sido necesario haber afinado mucho y tener también algo de suerte, y tampoco ha sido así. De todas formas, sólo de recordar lo que nos regalaron en 2019 en China en el Mundobásket hace que todo merezca la pena, y ha sido sólo de los últimos pasos de un camino lleno de éxitos.

Ojalá pronto veamos algo que supere a los que se van ahora, aunque por conformarnos, con aquellos que nos pusieron en el mapa en los ochenta ya estaría bien. Sería un magnífico punto de partida. Toda la suerte del mundo.