El transcurso de la temporada actual nos ha dado un Unicaja que en principio pensábamos que iba a ser capaz de estar en la Copa del Rey, y que el avance del calendario va camino de colocarlo en el paquete de equipos que van a tomarse algún descanso en febrero.

Y esto será muy a nuestro pesar, seguro, porque tras la derrota del sábado frente al Joventut, el equipo entrenado por Fotis Katsikaris ha eliminado de los factores posibles para clasificarse para la cita de Granada el trabajo realizado por el grupo, quedándose sólo con la aritmética y los errores ajenos.

Cada vez que algún equipo se ve en una situación similar a la del Unicaja, recurriendo a las matemáticas, recuerdo la imagen de Yaser Arafat pistola en mano en una tiroteada ventana de la Muqataa haciendo el signo de la victoria, y sí, el líder palestino tenía razón con eso de «mientras hay vida hay esperanza», pero confianza no inspiraba en exceso.

Y me trae ese recuerdo porque el Unicaja aún no ha llegado a la página del guion de esta temporada en la que se habla de resultar fiable, de eso ya se ha hablado de eso mil veces en los medios que siguen al equipo, y tradicionalmente no me gusta juzgar al conjunto antes de llegar a diciembre, pero encarando la parte final del mes, me gustaría decir que el equipo está aún en construcción, pero lo que se atisba que se está construyendo no me convence.

Como primera consecuencia de la derrota del sábado, tuvimos que Fotis Katsikaris, no sé si como defensa de su trabajo, o de sus jugadores, mencionó la negatividad del entorno cajista, más bien de los medios que informan del equipo, y no le veo mucha lógica. No voy a invocar la historia, o la idea que pudiera haber presupuestada sobre la temporada, simplemente ver la estructura del equipo y de qué manera depende de los intangibles aportados por algunos jugadores para tener algo de lógica en el juego, descorazona.

No pierdo de vista que esta temporada se cambió de competición europea porque la opción Euroliga vía Eurocup era inviable para el Unicaja de ahora, idea transmitida por el nuevo presidente, que además dejó bien claro que el foco real del club era la Liga ACB. O sea, que incluso teniendo en cuenta que es preferible haberse clasificado para la siguiente fase de la FIBA BCL evitando eliminatorias previas, visto el nivel de los rivales, la competición sigue sin seducirme, aún así, cualquier equipo malo está en condiciones de derrotar a este Unicaja si, como en varios partidos se ha visto, sale sin la tensión requerida, sólo hace falta recordar el partido en Dijon.

El equipo hoy está en nivel decepción, y de las grandes. Sobre todo porque está en el mal camino del fracaso. Pese a que se baje el presupuesto, pese a que la labor de maquillaje de la nueva dirigencia del club haya hecho más por la imagen exterior en unos meses que en varios lustros, los antecedentes de la historia cercana han hecho que en Málaga nos lleguemos a conformar con pelear por la clasificación de Copa del Rey, borrarse de tener posibilidades antes de llegar a la jornada final sería muy deprimente. Lo digo, porque hoy, el Unicaja tiene a la misma distancia (2 partidos) la zona de descenso y el séptimo clasificado.

El manual de equipo en problemas dice que toca hacer cambios, por el lado de los jugadores o por el del entrenador. En el grupo de los jugadores, quedó muy claro que más de uno está aquí en base a tener contrato en vigor, y de los recién llegados, todos son -como poco- opinables, el entrenador también, pero aguantar sin modificar algo que está claro que no funciona no creo que se pueda mantener.

De cómo gestionar los problemas deportivos, seguro que también estará pensando el presidente. Pese a haber dejado claro que para ello están el director deportivo y el entrenador, dar el paso adelante va a depender de López Nieto, que ojalá tenga gestionando estos problemas el buen tino demostrado en la reconciliación del club con sus incondicionales y su historia. Sobre el rumbo a tomar de aquí en adelante, es una situación por resolver en breve.