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La Opinión de Málaga

Joaquín	Rábago

360 grados

Joaquín Rábago

Ucrania recorta derechos laborales

Ucrania recorta derechos laborales

Es algo de lo que prácticamente han ignorado los medios internacionales, que hablan, sin embargo, todos los días del desarrollo de ‘la guerra de Putin’.

Podría desdorar en efecto, a ojos de muchos, la heroica imagen que se nos presenta del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski.

Su Gobierno ha decretado una reforma laboral en abierto desafío tanto a los sindicatos del país como a la Confederación Europea de Sindicatos, a la Organización Internacional del Trabajo y al Consejo Económico y Social de la ONU.

Todos esos organismos habían criticado el proyecto de ley por incumplir abiertamente los mínimos estándares sociales.

Es en efecto una reforma que perjudica a la parte más débil, sobre todo si se trata de empresas con una plantilla inferior a 250 trabajadores, donde dejarán de tener aplicación los convenios colectivos.

Su claro objetivo es individualizar la relación entre el trabajador y la empresa, recortando, entre otras cosas, el plazo de preaviso de despido y eliminando la obligación que existía hasta ahora de consultar antes al sindicato de empresa.

Todo esto se aplicará incluso en el caso de que el trabajador esté afiliado al sindicato y de que el convenio en vigor establezca expresamente tal obligación.

Por si fuera poco, señalan los críticos, la empresa podrá librarse de toda responsabilidad en materia de protección laboral simplemente con informar por escrito al trabajador de los posibles riesgos que entraña su puesto de trabajo y pedirle que se dé por enterado de los mismos y los acepte con su firma.

Lo cual significa que eventuales accidentes laborales o enfermedades relacionadas con el trabajo son un riesgo que aquél asumirá individualmente.

No puede evitarse la sospecha de que lo que pretende Kiev con esa reforma es crear incentivos para la inversión extranjera.

Hay quien compara la reforma laboral ucraniana con la acometida en su día en Chile por la dictadura de Augusto Pinochet, algo que ni siquiera se molestan demasiado en ocultar algunos políticos del partido de Zelenski.

La reforma laboral no tiene, sin embargo, que ver con la guerra en curso, a diferencia, por ejemplo, de la prohibición de las huelgas o de un decreto que permite a las empresas aumentar hasta las sesenta horas la duración de la semana laboral mientras dure el conflicto.

El borrador de la ley de ‘simplificación de las contrataciones laborales’, como eufemísticamente la denominaron sus autores, se presentó al Parlamento en la primavera del año pasado, pero el decreto gubernamental ni siquiera ha esperado a los trámites parlamentarios.

Algunos se preguntan, sin embargo, si la nueva legislación tendrá el efecto esperado pues, debido al masivo éxodo de ucranianos, no queda en Ucrania un «ejército industrial de reserva» que pudiera hacerla más efectiva.

Desde que comenzó la invasión rusa, alrededor de diez millones de personas han abandonado el país y muchas de ellas están buscando o han encontrado ya trabajo en los países de acogida.

Pero ya antes de la guerra, Ucrania era un país cuya mano de obra barata aprovechaban muchas empresas sin que la legislación laboral entonces vigente representara ningún obstáculo a la llegada de inversiones extranjeras.

A la vista de medidas como ésta, es lícito preguntarse cuáles son esos valores europeos que el Gobierno de Kiev dice estar defendiendo con las armas que le suministra Occidente. Le dejo al lector la respuesta.

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