Olvídense de ver en el Martín Carpena al Fenerbahce, al Efes, al CSKA, al Partizan, al Lokomotiv Kuban, al Virtus Bolonia, al Olympiacos... Olvídense también de ver in situ a estrellas como Will Clyburn, Vasilje Micic, Jan Vesely, Alexey Shved, Kyle Hines, Milos Teodosic... Todos los mejores equipos y jugadores del continente han jugado y han perdido estas dos últimas décadas en el Palacio de los Deportes contra el Unicaja. TODOS. Sin excepción. En la Euroliga y en la Eurocup. Pero eso todo es ya historia desde hoy.

Este viernes el consejo de administración del Unicaja ha decidido abandonar por decisión propia la Euroliga (y la Eurocup) para "vender" su alma verde y morada a la Champions League, la tercera competición en importancia del basket continental, que organiza la FIBA.

La huida del Unicaja hacia la Champions supone para el club de Los Guindos acabar con dos décadas codeándose con la elite del baloncesto del Viejo Continente. En octubre de 2001, pocas semanas después del atentado de las Torres Gemelas, el Unicaja debutaba en la Euroliga visitando al Benneton de Treviso de Jorge Garbajosa, Denis Marconato, Marcelo Nicola, Bostjan Nachbar y Ricardo Pittis... entre otros. Tras ganar la temporada anterior la Copa Korac, el Unicaja iniciaba un periplo en la Euroliga que se alargó de manera ininterrumpida hasta 2016. Quince temporadas seguidas de muchas alegrías y que tuvieron su punto álgido con la participación del Unicaja de Sergio Scariolo en la Final Four de Atenas 2007, en la que los verdes acabaron terceros, tras perder en semifinales con el CSKA y ganar en la final de consolación al Baskonia.

Tras perder la licencia anual de la Euroliga en 2016, el club verde ha jugado la Eurocup hasta esta temporada, con un único año de regreso a la Euroliga, la 2017/2018, después de ganar la Eurocup 16/17 en una final contra el Valencia que está en el recuerdo de todos los aficionados cajistas.

Los consejeros del club han decidido este viernes romper con ese pasado glorioso de casi 400 partidos al más alto nivel continental para iniciar una nueva etapa alejada del glamour del mejor baloncesto europeo, pero convencidos (se supone) en que económicamente será más rentable jugar bajo el amparo de la FIBA.