Este Unicaja es un desastre absoluto. Da lo mismo el rival que tenga en frente y da lo mismo la competición que juegue. Es un equipo sin alma, sin ideas, sin actitud y sin el más mínimo signo de vida al que agarrarse pensando en que pueda mejorar de cara al futuro. Está eliminado de la Copa del Rey, tiene su pase al play off por el título de la Liga Endesa condicionado a firmar una segunda vuelta liguera estelar y, desde ahora, su futuro en la BCL pende de un hilo.

En otra noche de perros para olvidar, el Unicaja perdió 73-79 contra el Cluj Napoca de Rumanía y deberá ganarlo ahora todo (o casi) en las cinco jornadas que quedan de la liguilla si no quiere quedarse fuera de los cuartos de final de la que es, no lo olvidemos, la tercera competición en importancia del baloncesto europeo. Muy duro.

Es triste ver a este club, bandera continental durante tantos y tantos años en la Euroliga, desangrarse de esta manera. Quizás la plantilla no da para más. Creíamos que sí (yo, por lo menos), pero los jugadores se empeñas un partido sí y otro también en destrozar las ilusiones de sus aficionados con exhibiciones de baloncesto absurdo.

Esta vez, el Unicaja quiso ganar al Cluj defendiendo y teniendo energía y actitud solo los 5 minutos finales. Apareció la mejor versión del equipo cuando ya no había opción. Cuando estaba todo perdido. El equipo tiró de épica, pero con eso no basta. No se le pueden regalar treinta y tantos minutos al rival. Es imperdonable.

Había dudas por saber cómo estaría el equipo después del brote de Covid de estas dos últimas semanas y después de muchos días sin competir. Pues la respuesta es que está igual de mal que antes de la Navidad. O peor. Esta vez no pudieron jugar ni Alberto Díaz ni Tim Abromaitis, pero no es excusa. Con ellos hubiera sido más o menos lo mismo.

La derrota contra el Cluj, un equipo con solo 7 jugadores, pero que sabe a lo que juega, bien trabajado y con las ideas claras, es un guantazo en toda regla. Y es que en una liguilla exprés como ésta, de solo seis jornadas, fallar el primer día en casa suele ser letal. Era un partido importantísimo, mucho más de lo que pueda parecer, y este 0-1 en la clasificación obligará ahora a un sobreesfuerzo descomunal a los verdes para acabar primeros o segundos de grupo, paso previo para estar en el posterior cruce de cuartos de final, antesala ya de la Final Four. Parece una utopía que se pueda llegar a esa fase final de la BCL, pero el objetivo no puede ser otro, por mucho que la realidad sea cruel.

Europa se pone cuesta arriba

El partido fue un desastre. La salida del equipo ya fue descorazonadora (0-7). Brown llevó el ritmo del partido y el Unicaja sufrió viéndose a remolque desde demasiado pronto. Siete puntos de Francis Alonso sirvieron para que el daño no fuera mayor al llegar el final del primer cuarto (13-19).

Las malas sensaciones siguieron en el segundo parcial. Katsikaris movió su banquillo sin encontrar nunca un cinco competitivo en la pista. El Cluj jugó con más intensidad y defendiendo mucho mejor. Las alarmas se encendieron con el 15-28, en pleno festival de Stewart para los de Transilvania.

Dos triples seguidos de Brizuela, tras tiempo muerto de Katsikaris, frenaron la sangría, 21-28. El Unicaja mejoró atrás y delante. Un mate de Nzosa, después de una asistencia de Jaime, a dos del descanso, sirvió para equilibrar el marcador, 39-39. Y dos tiros libres del base-escolta madrileño dieron la primera ventaja a los verdes, 41-39. Al descanso, el dos abajo del 41-43 era del mal el menos. Las 3 faltas de Brown, su base titular, sí eran una gran noticia ante los 20 minutos que había por delante.

Pero la vuelta del descanso volvió a ser, sin embargo, intolerable. Un 2-10 puso el 43-53 y devolvió la música de viento a la grada del Palacio, enfadada con su equipo. La misma falta de intensidad y la misma defensa contemplativa del primer cuarto auparon al rival en el marcador. Trece arriba se fueron los de Transilvania, 47-60. La diferencia se estrechó un poco al final del tercer acto, pero el 55-64 hacía presagiar lo peor.

El equipo tuvo un último arreón más de fe que de otra cosa en el esprint final del partido, cuando ya era imposible. Apretó un poquito atrás con la pareja interior nacional Rubén-Suárez. La grada se vino arriba y el partido se puso 68-72 con más de 4 minutos todavía por jugarse. Entonces faltó empuje, tranquilidad y talento para buscar una remontada que siempre pareció, eso sí, una quimera.

Al final, 73-79. Victoria para ellos y derrota, muy dolorosa, para el Unicaja, un club con un pasado europeo maravilloso, pero con con un presente tenebroso y tétrico. El domingo toca cerrar la primera vuelta de la Liga Endesa en Bilbao contra un equipo enrachado. Que sea lo que Dios quiera...