Los ficus necesitan espacios amplios para desarrollarse o en su lugar, como si fueran un ejército enemigo, se levantarán en armas.

Así, plantaron sus cuarteles en la Alameda Principal hacia la década de 1870 y pese al tiempo transcurrido, pocas han sido las bajas, a pesar de tantos años soportando un tráfico constante.

En el Paseo de Reding mantienen prietas las filas para sostener un prolongado techo vegetal que, mediante podas constantes, ofrece sombra todo el año y no se desmadra. A cambio, el peaje ha supuesto borrar de la vista, especialmente de la de los turistas, la plaza de toros de La Malagueta, aunque lo cierto es que nos hemos librado del ‘tendido de sol’.

Donde no estuvieron muy finos fue en el paseo marítimo del Palo. Desconocemos quién decidió plantar ficus en ese rincón de Málaga tan próximos y en tan moderados alcorques. Es dudoso que esta elección y disposición le abra las puertas al mantenimiento de los jardines de Versalles, pues en muchos puntos la solería está agrietada y en otras las raíces han provocado que imite directamente al oleaje vecino.

Y en el Llano de Doña Trinidad, que los más pertinaces sitúan en La Trinidad pero que por ahora sigue en El Perchel, como perpetuo homenaje a doña Trinidad Grund, un enorme ficus también empieza a dar días de gloria a los vecinos.

Se encuentra en el extremo norte de la plaza y según nos cuenta una fuente, el árbol se podaba cuando se acercaba la Semana Santa, para que estuviera en buenas condiciones para el paso de la Cofradía de la Estrella.

Así que, tras dos años sin Semana Mayor, el tamaño de las ramas preocupa a quienes por allí viven o se acercan al vecino Comedor de Santo Domingo, que pronto será ‘rozado’ por el ficus.

El árbol, desde luego, está hermoso pese a la perpetua compañía de una gran ristra de contenedores, como ocurre con el ficus de la plaza del Teatro, pero necesita una poda ‘semanasantera’, aparte de que hay personas durmiendo por la noche casi al pie del ejemplar y cualquier día de viento puede producirse la caída de una rama.

Por lo demás, el Llano de Doña Trinidad continúa en perfecto estado de decadencia, con la roña incrustada en las aceras de la plaza, tramos rotos y levantados y unos bancos diseñados por algún enemigo acérrimo del confort.

Pero estos detalles son los mismos que esta sección lleva recogiendo de la plaza perchelera desde hace 21 años. Confiemos en que alguna legislatura de estas mejore.