La vuelta a la competición del Unicaja tras el parón por la Ventanas FIBA ha traído la llegada del fichaje de Malcolm Thomas para el juego interior. En mi opinión, tanto el cambio de entrenador, como el refuerzo interior eran tan necesarios como que tendría que haber sido mucho más perentorias sus llegadas.

Calificar el fichaje del norteamericano ahora mismo por sólo un partido sería tan prematuro como temerario. Por otro lado, ese solar que ha sido el juego interior cajista requería un arreglo que, por poco que fuera, mejoraría lo existente. No tenemos que dejar de lado que un chico que ni siquiera es mayor de edad es de lo mejorcito que ha podido ofrecerse hasta la llegada del jugador de Missouri.

Junto a los partidos de la selección, y la buena noticia del debut de Sergio Scariolo como primer entrenador en el banquillo de Toronto Raptors por la ausencia de Nick Nurse en el partido ante Houston Rockets, esta semana, concretamente el pasado 26 de febrero, en El Confidencial Alfredo Pascual firmaba un artículo sobre la situación de la ACB y su penuria económica.

La situación de la patronal del baloncesto español da pánico, se le ha pedido al CSD un rescate de entre doce y quince millones de euros para asegurar el futuro de una competición que tiene un boquete con Hacienda y Seguridad Social de más de mil millones desde 1999.

Sin fijarnos en ese tema tan recurrente que es la pandemia y la ausencia de público en los pabellones, en buena lógica se tendría que ver como normal que un espectáculo como el baloncesto, que parece que ha nacido para ser visto en las pantallas tenga uno de sus mejores aliados en la TV, pero las cifras dicen que no va esto por ahí. No voy a entrar siquiera a valorar que los derechos televisivos de la ACB sean doce millones de euros frente a los mil seiscientos que corresponden a la liga de fútbol, no es que esa batalla se perdiera, es que hace mucho tiempo que la que ha de librarse en el seno del baloncesto español está en su propio interior.

Una de las grandes cosas que diferencia a las competiciones de fútbol de las de baloncesto es que nuestro deporte tiene un universo superior. La NBA que antes era adorable por inalcanzable y que ahora es algo que esquilma los recursos que poco a poco se van generando localmente.

No sólo es que en fútbol no tengan ese problema, es que el que se les presenta ahora a las ligas nacionales en la figura de la hipotética Superliga, al margen de la Champions de la UEFA, es algo que en nuestro deporte ya lleva varios años de avance. La Euroliga que en su momento se montó sobre la base de intentar «hacer frente a la NBA para evitar que la competencia desleal», según declaraciones de Jordi Bertomeu, ha terminado siendo lo que se sabía, una competición cerrada, con reglas que se cambian de manera discrecional para favorecer a sus asociados, porque se trata sólo y exclusivamente de un negocio. Y lo peor no es eso, sino que del desdén en el trato a las ligas nacionales aparece superado a medida que pasa el tiempo, y asumido por ellas.

En un momento en el que los equipos de la ACB ni siquiera generan ingresos para pagar las nóminas, la petición de ayuda al CSD podría traducirse casi en una petición de intervención de la liga, algo que los equipos de Euroliga, con una política presupuestaria «imaginativa», por tirar de ironía, no sé yo cómo interpretarían. La idea de una ACB herida de muerte no es ningún disparate. A día de hoy, los equipos de Euroliga demuestran con el paso de las jornadas que están en otra dimensión, de los 90 partidos que han disputado, han sufrido 16 derrotas, repartiendo mitad por mitad las que son ante sus rivales españoles en la competición europea.

Mientras tanto, nuestro Unicaja, en una situación deportiva lejana de la buena época, ve como tanto su propietario como su patrocinador están en otra cosa más allá de focalizar toda su atención en el equipo de baloncesto. Con la fusión con Liberbank en marcha, plantear cosas como Euroliga o adivinar qué competición puede quedar en España a la vuelta de nada es una auténtica quimera. Las declaraciones de Manuel Azuaga, presidente de Unicaja Banco sobre mantener el apoyo al baloncesto es un buen punto de partida, ahora sólo queda saber qué proyecto habrá en el baloncesto nacional y hasta dónde puede llegar la ambición de los dirigentes del club malagueño para colocar a éste donde realmente debe estar, o donde se desea que esté. Aunque en Málaga, de momento nos gustaría ver una muestra de orgullo por la historia y lo conseguido por este club, aunque sea lo más reciente, como que un canterano juegue su segundo All Star en la NBA, ¿o hemos olvidado que Domas Sabonis se crió como jugador en las pistas de Los Guindos?