Hemos gozado y padecido -durante esta semana que vuela hacia su desaparición- con dos cuestiones de vital importancia para un servidor de ustedes, a saber: el intento de creación de la superliga europea de fútbol y el debate ‘político’ de los primeros, primeras y ‘primeres’ espadas por hacerse con el bastón de mando de la Comunidad de Madrid.

Deseaba don Florentino formar una élite de equipos para repartir dividendos a mansalva, al tiempo que finiquitar de hecho el auténtico latido del fútbol: ese entusiasmo por el que los ‘once’ más modestos sueñan con ganarles el pulso a los llamados ‘grandes’ de España o Europa, llámense Real Madrid, Barça o a cualquier Manchester que se ponga por medio.

El señor Pérez, el ‘rompesueños’ y líder de tamaño desatino, gozaba con la bolsa, pero olvidaba la hazaña, o sea, la épica de un Málaga que un día, en la bombonera de La Rosaleda, quebraba los huesos de su equipo de la mano y botas de un Viberti único. El disparo le ha salido, de momento, por la culata, pero sigue estando en la pomada.

En cuanto al debate político, qué decir de ellos, ellas y ‘elles’. Todos juntos a por Ayuso, la chica que el señor Ábalos desea que se conozca por Díaz, su primer apellido. La batalla de Madrid, lo quieran o no, se ha convertido en un nuevo ‘2 de Mayo’ y trasciende a Vallecas o La Gran Vía y se instala, guste o no, en numerosos y variopintos lugares que se alegran, y mucho, de escuchar hablar de Madrid, España; y es que estamos hasta las ‘bolitas’ de independentistas y otras ‘leches’.

Termino. Quisiera desde esta atalaya que me regala La Opinión mandar un beso a la ‘memoria ‘perenne’ de Jesús Saborido, buen andalucista y mejor cofrade.