La sorprendente victoria del recién ascendido Breogán ante el Tenerife supuso una gran satisfacción para la afición lucense y un voto de confianza para el proyecto dirigido por Paco Olmos, quien regresa a la Liga española tras pasar las últimas ocho temporadas en centroamérica. Su caso no es un hecho aislado. Los fríos datos nos indican que únicamente 65 profesionales han ocupado las 204 vacantes existentes en los banquillos ACB durante la última década. Tales números vienen a confirmar la presencia de una «rueda de entrenadores» en la que es difícil entrar y casi imposible volver una vez has salido de ella.

Muchos son quienes han tenido que emigrar para seguir viviendo del baloncesto profesional y entre ellos destaca Manuel Hussein. Hussein es un claro ejemplo de lo que supone formar parte del creciente colectivo de «trotamundos» de las pizarras. Su última experiencia como entrenador jefe en el baloncesto español hay que buscarla en el ya lejano 2010 al frente del Valencia Basket. Desde entonces, estuvo esperando la oportunidad de regresar a las canchas ejerciendo como preparador físico personal. En 2016 volvió como hijo pródigo a las categorías inferiores del Gran Canaria y ya en 2017 hizo las maletas asumiendo el cargo de seleccionador Panamá. En 2019 puso rumbo a la cada vez más poderosa la liga china y este año es el primer técnico del modesto Cafeteros colombiano.

Previamente a este ajetreo, Manuel consiguió ser profeta en su tierra. Nacido en Las Palmas, hijo y nieto de emigrantes jordanos refugiados, nunca lo tuvo fácil. Su padre falleció siendo un niño, criándose en un barrio conflictivo en el que supo mantenerse al margen de compañías poco beneficiosas. Como para otros jóvenes, el deporte y los estudios fueron su tabla de salvación. Junto a unos amigos organizaron un club para los chicos de su barrio a los que hicieron campeones regionales, pudiendo participar en algún campeonato de España.

Aunque la auténtica oportunidad llegó con su incorporación al cuadro técnico del Gran Canaria. En el club de su ciudad, Hussein comenzó a labrarse un prestigio profesional en el baloncesto insular. Tras empezar como ayudante en el banquillo aurinegro, durante dos etapas asumió la responsabilidad de dirigir a una plantilla que empezaba a consolidarse en la competición. Manuel ayudó a convertir el Centro Insular de Deportes en una de las canchas más complicadas para los visitantes, dotando al juego del conjunto amarillo de una identidad propia.

A lo largo de esas ocho temporadas, Hussein tuvo a sus órdenes en el equipo insular a una pléyade de jugadores que permanecen en la memoria de los buenos aficionados amarillos. Interiores de pedigrí (Greg Stewart, Shaun Vandiver o Bernard Hopkins entre tantos), anotadores incansables (John Morton o Jorge Racca), nacionales de garantías (Pepón Artiles, Santi Aldama y muchos más), productos de la cantera claretiana (como Berni Hernández y Roberto Guerra) e ilustres ex-componentes de la plantilla malagueña (Richi Guillén, Kenny Miller o Jean Marc Jaumin) fueron protagonistas de años inolvidables para el Gran Canaria.

La temporada más exitosa del equipo canario bajo la dirección de Hussein tuvo lugar en la 99-2000, donde se alcanzó por vez primera la clasificación a la fase final de la Copa del Rey lográndose además una histórica participación en las eliminatorias por el título. Durante todo ese tiempo, Unicaja y el resto de clubes nunca pudieron ir de turismo a sacar un triunfo del coqueto polideportivo situado en la Avenida Marítima de Las Palmas.

Ojalá las nuevas experiencias que está viviendo Manuel Hussein le permitan seguir disfrutando del baloncesto tal y como consiguió hacer dos décadas atrás en el club de su ciudad natal.

La Peque–Columna (Por Simón R.J)

¿Sabías que el Gran Canaria ha creado el «PROYECTO SUMA» que sirve para incluir a los niños y jóvenes con alguna discapacidad en el baloncesto?