El segundo programa de abono de la Filarmónica de Málaga centró la atención entre la madurez creativa de Haydn y la primera escuela vienesa, el romanticismo apegado a la forma brahmsiano junto al color popular que inunda la obra de A. Dvorak. Frente al abono pasado b justo de impulso, concentración y emisión se descubre para este último programa del conjunto un sonido más redondo en cuanto a emisión gracias al empaste y densidad de las cuerdas y la decidida inspiración de las maderas reforzadas por unos bronces (trompetas y trompas) bien cuadradas.

Para la ocasión visitaba por primera vez el podio de la OFM la batuta iluminada del noruego Rune Bergmann un director en plena expansión que centra su actividad a caballo entre el otro lado del Atlántico y Europa. Se trata de un director que se introduce en las páginas a fuerza de pulso y meridiana claridad gestual. Bergmann hace trascender el diálogo entre secciones y atriles y en el programa pasado, de principio a fin, se prestaba a esta forma de entender la lectura de las distintas páginas.

Referente junto a Mozart y Beethoven del Clasicismo, F. J. Haydn vuelca en la partitura del gran oratorio La Creación el intento de acercar a la influencia austro-alemana este género que Haendel llevó a sus más altas cotas en Inglaterra. Para la ocasión la OFM leyó la obertura de La Creación en la que nuevamente el músico vuelve la mirada sobre las fuerzas de la naturaleza, que tanta importancia adquiere en el romanticismo y el nacionalismo musical. Tal vez la experiencia de años atrás en el tiempo final de sus Siete últimas palabras de Cristo en la Cruz sirvieron al maestro para retratar en esta obertura el instante antes del hecho creador. Interesante lectura que avanzaba el trabajo que firmarían profesores y batuta al término del programa.

Que Brahms es un auténtico maestro de la arquitectura orquestal queda reflejada en páginas como sus Variaciones sobre un tema de Haydn; y que el maestro Rune Bergmann es otro maestro de la modulación capaz de sacar brillo y color donde en ocasiones se descubre opacidad e indefinición. Los diez números que articulan estas variaciones destacaron en primer lugar por el empaste entre secciones, la sorprendente sonoridad de las cuerdas o el contraste entre números con pausas muy breves que facilitaron el sentido orgánico de la obra.

Firmada por A. Dvorak en 1889, no cabe duda que su Octava Sinfonía es un trabajo de plena madurez en la que el autor, sin abandonar su inclinación germana, se permite jugar con la forma para hacer protagonista al torrente de temas que circundan esta sinfonía que a pesar de su eclecticismo es uno de sus mejores trabajos sinfónicos. En los atriles de los profesores de la Filarmónica y la batuta de Rune Bergmann la sinfonía desde el allegro introductorio fue levando como un todo orgánico y contrastado donde los elementos quedaban perfectamente singularizados y acentuados dentro de ese tono tranquilo y lleno de vitalidad que encierra esta partitura. En el adagio el ánimo intimista dio paso a un enmarcable allegreto que dibujaría el maestro Bergmann para atacar finalmente el tiempo conclusivo en un tiempo recreado, firme en el pulso y cómplice en los atriles.

Y lMálaga. 30-09-2021. Teatro Cervantes. Dirección: Rune Bergmann. Programa: La Creación, Hob.21:2 – Obertura en Do menor (El caos), de F. J. Haydn; , Op.56a, de J. Brahms y Octava Sinfonía en Sol mayor, Op. 88, de A. Dvorak