Ha sido una constante desde hace tiempo, incluso antes de los cambios de entrenador y de presidente: echo de menos la constancia y la solidez en nuestro Unicaja. No es extrañar el buen juego, que lo hay a ratos, es que el concepto fiabilidad viene a ser una rara avis.

En el partido del domingo en Vitoria, vimos momentos realmente buenos de juego, no sé si las parejas exteriores Norris Cole-Darío Brizuela y Alberto Díaz-Jaime Fernández terminarán siendo estables o es una moda pasajera, eso bastó para estar arriba en el partido durante más de treinta minutos, pero no para ganar el partido.

El habitual argumento de la supervivencia a través del triple fue una constante y ni siquiera se puede esgrimir como el motivo para perder el partido. En el descanso, el Unicaja estaba peor (42%) frente al porcentaje del final del partido (52%).

No ha sido una buena situación la vivida en Vitoria, aunque haya grandes posibilidades -como viene siendo habitual en la ACB- que la Copa del Rey se juegue en la capital vasca, que el Bitci Baskonia se quede fuera de los clasificados no es buen cliente para dirimir urgencias, sobre todo por venir de una racha de cinco derrotas consecutivas. La situación de los vascos, con plaza fija en Euroliga y un estatus a años luz hoy por hoy del Unicaja en la ACB, ponía muy difícil el partido, cosa que el Unicaja de inicio no quiso conceder.

Que había necesidad de vencer era algo sabido y con el transcurso del encuentro, mucho más. Unicaja tuvo gran parte del éxito en la mano, pero en el Baskonia un Jayson Granger en la mejor versión del que jugó en Málaga, se bastó para meter a los locales en el partido con la ayuda de Tadas Sedekerskis. El Unicaja entre regalos en el rebote defensivo, deficiencias puntuales en el tiro libre y una gestión de situaciones de final de partido como mínimo mejorables, dio lugar a la habitual respuesta a los problemas: la derrota.

El partido fue intenso, más por los problemas previos que por la calidad de los contendientes, fue duro de arbitrar y no siempre lo resolvieron con la diligencia que era de esperar, pero es muy difícil reclamar respeto cuando se lleva tanto tiempo encogiendo los hombros y dejando la vida pasar, algo a lo que nos hemos acostumbrado con el Unicaja.

Una de las dudas que tengo de este grupo es si es capaz de sobreponerse mentalmente a la desaparición de algunos jugadores, o a decisiones arbitrales opinables, porque ha entregado partidos que van a echarse de menos para la clasificación para la Copa del Rey. Algo que está regalando el equipo malagueño con derrotas que nunca tendrían que haberse producido.

Ahora, si se quiere, se habla de arbitrajes, de respeto o de influencia para con el club, pero tampoco es que tenga la sensación de que el equipo sea un mártir que está mal visto por el resto. Simplemente y con un trabajo desarrollado a base de muchos años de «auto vulgarizarse» ha pasado a tener un rol residual dentro de una ACB que dejó de tenerlo hace tiempo entre los importantes, no es otra cosa.

Como reflejo de esta situación, un detalle: a base de comentar los partidos del equipo en directo durante muchos años, no había comprobado las retransmisiones de televisión, o si los comentarios que se vertían en redes sociales eran más o menos fruto de la subjetividad que dan los colores. Ahora, tras un tiempo viendo y escuchando los partidos en televisión, a los aficionados cajistas les diría que no es ni más ni menos como nos ven más allá de nuestros colores, y a los que comentan los partidos en la plataforma digital, que hay momentos en los que parece que olvidan que retransmiten la contienda para los que animan desde casa, para los que siguen a los visitantes o para los que les da igual quién gane. Pero ellos deberían estar en este último grupo y, en muchas ocasiones, parece que no les importa salirse de esa fila que nunca deben abandonar, porque no hablan para un medio local.