Hace unas semanas, tras la izada del número 10 a lo más alto del Carpena, Carlos Cabezas arengó a los componentes de la actual plantilla de Unicaja diciéndoles que «la camiseta que lleváis puesta pesa mucho, tenéis que sudarla lo máximo y dar todo porque es un sentimiento brutal lo que tenéis ahí». Más allá del simbolismo del acto y de la profesionalidad de cada jugador, la identificación con el club que juegas es fundamental para dar impulso al proyecto deportivo y social del mismo.

En julio de 2019 el Baloncesto Fuenlabrada decidió homenajear de forma conjunta a su quinteto más representativo en su extensa trayectoria en la ACB. Ferrán López, Salva Guardia y Francesc Solana componían la columna vertebral del equipo del sur de Madrid, mientras que Velimir Perasovic y Marko Popovic aportaban por doquier y liderazgo en la cancha.

Cada uno de los tres nacionales ofreció sus mejores prestaciones con un elemento común: identidad y vinculación inquebrantable con el Fuenla. De orígenes y formación muy diferente, su legado con el conjunto naranja va más allá de estadísticas y victorias logradas en el Fernando Martín. Su combinación suponía fortalecer la columna vertebral de un equipo modesto que se enfrentaba sin miedo a los más poderosos de la liga.

Ferrán López era el cerebro. Base criado en la prolífica cantera de la Penya; crecer al lado de los hermanos Jofresa y Montero le obligó a hacer las maletas para iniciar un viaje por todo el país. Pionero de los contratos temporales en las filas del Baskonia, su etapa más longeva la desarrolló durante nueve temporadas con la elástica fuenlabreña. Casi veinte años como profesional dan para mucho, siendo Ferrán un eficaz director de juego que mejoró con el paso de los años. Tras poner fin a su carrera como jugador, de inmediato trasladó su sabiduría a los despachos para convertirse en el director deportivo del club madrileño, mostrando un gran ojo clínico a la hora de incorporar fichajes que iban a deslumbrar en el futuro.

Salva Guardia ponía su músculo e intensidad al servicio de sus compañeros. El pívot valenciano también estuvo vinculado a lo largo de nueve temporadas con el Fuenla aunque en tres etapas diferentes. Imprescindible cuando está en tu equipo, era el menos querido si lo tenías en el bando rival, Guardia era el responsable de bregar con las torres contrarias. Fajador pero con talento en el poste bajo, Salva representaba la furia defensiva y hacía bandera de su capacidad reboteadora. En sus últimas temporadas asumió el rol de capitán y desarrolló un cada vez más eficaz lanzamiento lejano. En la actualidad desempeña la función de entrenador ayudante en el club de sus amores.

Francesc Solana representa el corazón. Escolta zurdo formado en las categorías inferiores del CB Granollers, Frankie dio sus primeros pasos en la ACB enrolado en clubes catalanes, hasta que Imbroda lo reclutó para su proyecto en el Caja San Fernando. Escurridizo en sus penetraciones y con un tiro eficaz, Solana tiene la espina clavada de ser uno de los jugadores con más partidos en ACB sin llegar a ser convocado por la selección nacional. Sus seis temporadas en Fuenlabrada, con paso por la liga LEB incluido, le convirtieron en un referente para la afición local. Nunca se escondía para jugarse la última posesión y su carisma le convertía en el verdadero jefe de la cancha cuando había que decidir los partidos. Tras colgar las botas, Solana cambió el parqué por el cargo de director deportivo de Andorra con bastante éxito hasta el momento.

Solana, Guardia y López son tres jugadores que marcaron una etapa en un club que sigue compitiendo con recursos limitados al amparo de una afición siempre volcada. Estoy convencido que en un partido tan tenso como el de esta tarde, contar con jugadores de su calidad y carácter supondría una garantía en pos de luchar por una victoria tan necesaria para ambos contendientes.

La Peque–Columna (por Simón RJ)

¿Sabías qué Walter Herrmann, el alero de Unicaja cuando ganamos la Copa y la Liga, lo fichamos del Fuenla?