La tendencia actual del baloncesto moderno ha provocado que caiga en el olvido el clásico mandamiento de edificar un conjunto equilibrado a partir de un buen base y un gran pívot. Las demandas dirigidas a los hombres altos han ido derivando y los clubes se afanan en la búsqueda desesperada de tipos atléticos, contundentes, que tengan buena mano en el lanzamiento exterior y además puedan correr la pista como un pequeño.

A principios de siglo, el proyecto de Valencia Basket se encontraba en su primera etapa de crecimiento. La ambición de su propietario se demostró con una apuesta ganadora, el fichaje de la pareja de pívots del equipo que acababa de conquistar la liga ACB. El argentino Oberto y el serbio Tomasevic venían de formar una dupla fantástica en Baskonia y recalaron en la ciudad del Turia dispuestos a seguir con su espectáculo en las inmediaciones de la canasta.

La llegada de Fabricio y Dejan en el verano de 2002 se produjo cuando ambos estaban en la cúspide de su rendimiento. Titulares indiscutibles en sus respectivas selecciones, Oberto y Tomasevic tenían la misión de consolidar su conexión en la pista y ofrecer un plus de altura al conjunto che. Perfiles muy distintos pero complementarios. Mientras que en los entrenamientos saltaban las chispas entre ellos, durante los partidos se convertían en un tándem imparable para los rivales. En la Fonteta se recuerda que no eran precisamente amigos fuera de la cancha pero esa competitividad les ayudaba a crecer como jugadores.

Oberto era un interior duro, rocoso y gran reboteador, jamás se amedrentó ante contrarios más altos y fuertes que él. Maestro en el juego de espaldas a la canasta, el argentino llegó con un perfil más oscuro pero muy pronto se ganó los galones. Su capacidad para bloquear, especialmente en el lado débil, permitían muchas ventajas a sus compañeros en el momento de buscar un tiro liberado. Más allá del baloncesto, Oberto cultivó otras disciplinas durante su etapa valenciana, formando un grupo musical con su compatriota Fede Kammerichs y haciendo sus pinitos en las ondas con un programa de radio que tuvo mucho predicamento en la ciudad. Años más tarde, en un monólogo muy interesante que puede verse en YouTube, Fabricio se reconoce como el «mejor peor jugador» ya que aprendió a desarrollar su juego de cara al beneficio del equipo.

Por otro lado, Tomasevic encarnaba a la perfección el rol de competidor balcánico. Odiaba perder hasta en los entrenamientos, llegó de Vitoria echando pestes de su relación con Dusko Ivanovic. Un tipo que no hacía amigos dentro de la pista, no se preocupaba en demasía por cuidar las relaciones sociales en su propio vestuario. Dejan tenía la habilidad de jugar de cara a canasta más allá de su depurado y extenso repertorio de movimientos técnicos bajo los aros. Su factor diferencial radicaba en una excepcional capacidad de pase que demostraba para sacar el contraataque o para nutrir a su compañero Oberto desde el poste alto.

La conexión entre Tomasevic y Oberto regaló muchas alegrías a la hinchada naranja, pese al sufrimiento que suponía cada vez que tenían que visitar la línea de tiros libres por sus pésimos porcentajes. En aquellos años, se inició una intensa rivalidad entre Valencia y Unicaja en las competiciones domésticas y en la lucha por llegar a la Euroliga, que tuvo como protagonistas de excepción a estos fabulosos jugadores.

Corría el mes de mayo de 2003 y se disputaba la primera semifinal liguera entre ambos conjuntos. Tras una eliminatoria increíble, en el quinto y decisivo partido, la excelsa aportación de Fabricio (9 puntos, 8 rebotes y 7 asistencias) y Dejan (12 puntos, 15 rebotes y 6 asistencias) resultó inalcanzable para el equipo malagueño y permitió el estreno de Valencia en la final de la ACB.

Para alegría malagueña, la temporada siguiente el resultado favoreció al conjunto dirigido por Sergio Scariolo. La zona 2-3 que mantuvo el técnico italiano durante todo el quinto encuentro provocó uno de los más dulces «Fontetazos» y nos aseguró plaza en la Euroliga. Ese inolvidable desenlace dejó en el olvido la hazaña que realizó Tomasevic en el tercer partido de la eliminatoria. El pívot serbio alcanzó un histórico triple doble con 14 puntos, 13 rebotes y 10 asistencias, algo que jamás ha vuelto a registrarse en la fase final de la liga.

Faltó la guinda de un gran título en su estancia en Valencia ya que partieron para afrontar otros retos (Oberto fue campeón de la NBA con los San Antonio Spurs y Tomasevic ganó la Euroliga con el Panathinaikos de Obradovic), aunque siguen estando en la memoria de los buenos aficionados taronja como los dos interiores con chaqué que siempre fueron.

LA PEQUE-COLUMNA - (Por Simón R.J)

¿Sabías qué cuando el Valencia ganó la Liga fue el año que el Unicaja ganó la Eurocup contra Valencia? Ese año el Valencia perdió las finales de Copa (contra el Madrid) y de Eurocup.