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La Opinión de Málaga

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Análisis

Víctor A. Gómez

Nace Su Serenísimo Juanma y Vox se topa con su techo

Juan Espadas bate el récord desastroso de su mentora, Susana Díaz, mientras todo apunta a que Macarena Olona dejará como impronta en Andalucía una tachadura en el censo de Salobreña

Moreno Bonilla, ayer, exultante. | REUTERS

Suele pasar en política: las palabras de las que uno se vale en su peregrinar por esto de los parlamentos, los mítines y las entrevistas tienen un tono sensiblemente diferente a las que, en realidad, persigue. Hablemos, por ejemplo, de Juanma Moreno Bonilla. Imposible que pronuncie más de seis palabras seguidas sin que surja un sereno por aquí, un sensato por allá, un constructivo por otro lado; ya saben, términos laxantes, de un hermoso aburrimiento. Pero es que lo que busca Juanma Moreno Bonilla es otra palabra que parece lejos de ese chill out gramatical en el que a uno le gusta tumbarse para mecer su saludable despreocupación: absoluta, mayoría absoluta. Y así, con sus ojos de niño chico y su sonrisa medio timidilla, con unos discursos a base de la combinación de 10 palabras diferentes, todas suaves y adormecedoras como un poleo menta, ha pegado un puñetazo en la mesa que ni mi crío de cinco años. No mayoría sensata, ni serena, ni razonable, no: mayoría ab-so-lu-ta.

Olona, enseñando la papeleta ayer en Salobreña. | EFE

Juanma supo desde el principio que si pudiera conseguir que la gran mayoría de andaluces le vieran como el presidente de bloque ideal, le terminarían votando para liderar San Telmo con la holgura que siempre ha necesitado. Para eso, arrinconó y empequeñeció las siglas del PP en sus carteles y potenció el diminutivo cariñoso, cercano y vecinal de su nombre compuesto. Antonio Burgos escribió en 2019 que «llamar oficialmente Juanma en los papeles al presidente de la Junta de Andalucía es una invitación a tomarlo por el pito de un sereno». Me imagino a Juanma leyendo la frase y pensando en la utilidad de esa palabra, sereno, pero como adjetivo. Y riéndose, claro. Ha nacido Su Serenísimo Juanma de Andalucía.

Espadas, menos exultante (cuando votó). | EFE

Le preguntaron a Juan Espadas, el candidato del PSOE, qué canción le acompañaría durante los viajes de la pasada campaña: «La Banda Sonora Original de Superman», respondió. Dicen que Espadas no tolera que en su presencia alguien hable mal de Susana Díaz, su mentora; quizás por eso, por simple admiración, ha caído por debajo del resultado electoral de su antecesora para firmar un desastre total aunque sin caer por debajo de la barrera psicológica de los 30 diputados. Veremos. En cualquier caso, sea cual sea su modelo de oposición, la primera preocupación del socialista es evidente: conseguir que los andaluces sepan que es Espadas, no Espada.

Macarena Olona, la candidata de Vox, se vanaglorió ayer de haber sido la más madrugadora en ir al colegio (a votarse a sí misma). En esto del alba hay que elegir: o eres de al que madrugada Dios le ayuda o del no por mucho madrugar amanece más temprano. Y en Andalucía, candidata, no amanece más temprano; supongo, que amanece cuando nos da la gana a los andaluces.

Los votantes de su partido deberían exigirle a la candidata a la que han avalado su implicación absoluta en la oposición al Gobierno que no ha podido formar, pero es más que probable que la cosa se quede en una tachadura en el censo de Salobreña y en una pregunta: ¿Ha tocado techo Vox? Podría ser. Quizás el límite del cielo esté en la Granada Tropical; quizás la bicoca, el río revuelto y la ganancia de pescadores de las que se ha estado beneficiando el partido de Santiago Abascal, tenga ya los días contados y ahora toque cumplir con lo pactado como agente político en democracia más allá del agit-prop y el escándalo, de la actitud rebelde y epatante del alumnos que se sienta en la última fila de la clase. Ha llegado el momento de currarse los votos.

Ciudadanos continúa con su largo y lento, lentísimo tour de despedida hacia la nada. Resulta a veces hasta incómodo, cruel asistir a la desaparición agónica, silenciosa de un partido que tuvo tanto en sus manos y para el que ahora mismo la palabra irrelevancia comienza a ser un eufemismo. También en Andalucía. Juanlu Sánchez, desde Twitter, lo resumió así: «Ciudadanos muere y su gran servicio a la patria es: captar hace unos años votos jóvenes liberales que votaban al PSOE, montarlos en un barquito, llevarlos a la orilla de la derecha, entregarlos al PP. Y hundirse». Quizás el único consuelo sea el monólogo final del protagonista de El increíble hombre menguante, ese Scott ya reducido a partícula microscópica que levanta la vista al cielo: «Que la existencia comienza y finaliza es una concepción humana, no de la Naturaleza. Y sentí mi cuerpo menguando, fundiéndose, convirtiéndose en nada. Mis miedos me desbordaron. Y en su lugar llegó la aceptación. Y entonces comprendí algo, también. Sí, más pequeño que lo ínfimo, comprendí algo. Para Dios, no existe la nada. ¡Existo!». Ésa fue la razón del posado aquel de Juan Marín, emergiendo de las aguas: ¡Juan Marín existe!

¿Y las izquierdas? Siguiendo la tradición tan española del divide y vencerán, de las confluencias y Uno ya veía en los debates a Teresa Rodríguez, de Adelante Andalucía, e Inma Nieto, de Por Andalucía, como si fueran los dos altavoces de una minicadena cascada, voces con discursos más que similares, sólo distinguibles por entonación, maestría en la oratoria y matices similares. Estereofonía redundante, vamos. La cosa no empezó nada bien cuando los de Podemos no registraron a tiempo su participación en Por Andalucía y a Rodríguez le pareció bien hacer una de esas entrevistas de El Mundo diseñadas a la perfección para disgustar a los seguidores de los entrevistados. La gaditana, en fondo y forma, por calado y espontaneidad, terminó destacando en todos los debates electorales pero la cosa nunca termina de cuajar: tiene aires de lideresa popular (ya me entienden) pero los vientos del Mediterráneo soplan más fuerte de lo que parecen.

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