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Gonzalo León

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Gonzalo León

Carnaval: todo llega

Carnaval: todo llega

Nuestra ciudad tiene algunas fiestas con gran historia. Y eso, analizando lo que nos rodea, es digno de mención.

Málaga para el tema de las tradiciones es un poco torpe. O no las mantiene, o se las inventa o aparecen salvadores de las mismas que ponen el inicio de los estilos y la realidad donde les parece. Con estas circunstancias, estamos cada vez más acostumbrados a observar a personajes que delimitan –con magistrales análisis-, cuáles deben ser los estilos de nuestras procesiones, ferias o festividades para indicarnos el término correcto y qué es lo malagueño de verdad.

Está demostrado, también es cierto, que si esta ciudad precisa de un aparato para sacar adelante fiestas y eventos lo hace en dos minutos con relativo éxito. Otra cuestión bien distinta es que lo que saque sea digno y justo con nuestra historia.

La prueba evidente la tenemos en el carnaval de Málaga.

Por suerte, hay y ha habido personalidades en Málaga que han conseguido plasmar sobre el papel y en el reflejo de su propia vida la realidad de la ciudad. Uno de los más importantes es sin duda Narciso Díaz Escovar.

Don Narciso fue uno de los impulsores de dicha fiesta en nuestra ciudad. A finales del siglo diecinueve participaba y promovía fiestas de carnaval en febrero. Llegó incluso a dirigir durante un tiempo un pequeño diario llamado El Carnaval siendo éste el órgano oficial y genuino de la Sociedad del Carnaval de Málaga, sacando su primer número en el año 1886. En dicha revista se planteaban los proyectos y eventos que se llevarían a cabo durante estas fiestas.

Resulta interesante leer las noticias y crónicas que en este diario se publicaban al respecto de la fiesta. Había multitud de eventos y actividades todas relacionadas con el carnaval. Había suntuosos bailes de máscaras. Se daba cuenta de las comparsas que sacaban los colores a las clases que manejan el poder y también se hacía gala de una defensa a ultranza de Málaga y su imagen, llegando hasta el punto de autocriticarse por no conseguir un nivel digno de actuaciones y espectáculos propios de una ciudad como Málaga.

Se abrían debates interesantes donde se dejaba entrever que el sentido del carnaval en Málaga era expandirse y promocionarse para que dejara de ser una fiesta elitista con bailes en el Hotel Miramar y pasar a convertirse en un evento de atractivo turístico.

El devenir de la historia y la falta de calidad y originalidad en muchos otros casos hizo que dicha fiesta en Málaga nunca llegará a tener un esplendor que hiciera que se mantuviese a flote.

Así, incluso tratándose de una fiesta propia y con contenido, ésta no tuvo la fuerza suficiente para subsistir.

Ya en nuestros tiempos y de la mano de las peñas se ha vuelto a levantar una fiesta en poco tiempo y con el apoyo del ayuntamiento. Si bien se trata de una festividad que debiera estar asentada en las tradiciones, en Málaga se ha reciclado hasta convertirse en un evento de recortes que en muchos casos poco tiene que ver con nuestra tierra.

Quizá estemos equivocándonos sin duda a la hora de plantear una fiesta con muchas posibilidades. Málaga tiene historia, tiene papeles de ciudad donde se vive el carnaval, tiene orígenes y puede justificarlos. ¿Por qué tenemos que copiar entonces modos que no son de aquí? ¿Para atraer a forasteros?

Hay que ser realistas y analizar los problemas. En el mundo de la Semana Santa se está en continuo análisis de todo. Se busca el origen. La esencia. Lo malagueño. Hay discusiones y debates sobre cómo tratar la tradición y se consigue, más o menos, que mantengamos nuestra identidad propia.

¿Por qué no pasa lo mismo con el carnaval? ¿Dónde están las voces que ya había hace un siglo criticando la desviación del sentido de la fiesta?

Todo lo escrito hasta ahora forma parte de un artículo que firmaba un servidor hace diez años. En aquella ocasión recibí más palos que un pulpo tierno. Recuerdo incluso cómo en un grupo de la red social Facebook llegaban a amenazarme y hasta a incluir mi teléfono móvil para enviarme mensajes bastante desagradables.

No había dicho nada. O sí. Y quizá eso generó una polémica alimentada por los que no conciben que -y encima desde fuera- se ponga en cuestión una fiesta que, para algunos, está bastante cogida con alfileres.

Málaga tiene actualmente un carnaval metido con calzador. No hay respuesta del gran público y se promociona de manera autómata por parte del ayuntamiento sin tener en muchos casos un discurso asentado.

Me llama muchísima la atención que el concurso de coplas de carnaval que bien debiera ser independiente, agresivo y vivo acabe en performances semi políticas en barrios con barras de alcance en las que los políticos de turno sirven el rancho gratuito a los presentes.

En el escenario letras de libertad, independencia y lucha. En el suelo, concejales repartiendo callos. Algo falla.

Parece ser que el futuro del carnaval de Málaga puede sufrir alteraciones y modificaciones que hagan que gane en independencia, transparencia y claridad. Es buena noticia. Pues, hasta la fecha, no siempre se ha sentido desde fuera esa sensación. Más bien todo lo contrario.

Como ciudadano de aquí que ama sus tradiciones, el mayor de los agradecimientos a los que han trabajado durante décadas en conseguir una fiesta mejor. A sus participantes reales y a quienes perciben desde dentro cierto recelo ante actividades, promociones y sistemas que distan mucho de lo independiente y freso.

A mí me podrán seguir mandando mensajitos raros. Francamente me da igual. Pero sería una alegría que, los párrafos con los que comienza esta página del periódico, fueran tomadas de manera constructiva y no como un ataque a una gestión.

De eso ya se encarga la vida sola. Todo llega. Viva Málaga.

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