La sociedad ha evolucionado, y las chuletas con ella: desde el clásico papel donde los alumnos apuntaban la lección hasta los sistemas más sofisticados que requieren dispositivos como pinganillos, smartwatchs o útiles de escritura especialmente diseñados para la tarea. Entre todos estos artilugios para copiar siempre ha existido una característica común, y es que deben ser sigilosos e irreconocibles a primera vista para que los profesores no sospechen de su uso.

Las consecuencias de que un profesor pille copiando a un alumno en un examen dependen del centro, del examen y hasta de la evaluación: no es igual la sanción que reciben un niño que copia en la escuela primaria que un opositor que se presenta a las convocatorias estatales. En un rango intermedio, están los alumnos universitarios.

En este ámbito, Yolanda de Lucchi, profesora de la carrera de Derecho de la Universidad de Málaga, ha compartido a través de su cuenta de Twitter "una reliquia universitaria" que ha encontrado "haciendo orden" en su despacho: una 'chuleta' que confiscó hace años a alguno de sus antiguos alumnos de la asignatura de derecho procesal.

En las impresionantes instantáneas se puede observar cómo el temario de la asignatura está grabado a mano en el cuerpo plástico de once bolígrafos de la marca BIC.

La docente ha añadido un elogio al antiguo estudiante: ¡Qué arte! Las chuletas no son como antes, y ha recibido más de 244.000 me gustas y respuestas, entre ellas la de otros alumnos conmovidos por el 'trabajo' de su predecesor.

Uno de los tuiteros que responde a la profesora confiesa conocer "perfectamente al autor de esta maravillosa obra", y comparte fotos de otros bolígrafos marcados similarmente, "autorizado, obviando su nombre" por el artista. Según cuenta el compañero del amanuense, la técnica "era la de suplir la mina de grafito de un portaminas por una aguja, lo que le hacía súperfacil al escribir en el bolígrafo".