Einstein, Newton o Darwin son algunos de los principales nombres que diríamos si nos preguntasen por científicos destacados en la historia. Pero, ¿y si nos preguntasen por mujeres científicas?, ¿Sabríamos nombrarlas? Quizás algunos de los nombres que saldrían a relucir serían Marie Curie o Margarita Salas, pero poco más.

Durante siglos, muchas de las mentes brillantes femeninas de la ciencia y la tecnología no han obtenido el reconocimiento que se merecen, o simplemente la historia las ha dejado en un segundo plano.

En la actualidad, aunque se ha avanzado hacia la igualdad, aún hay mucho por hacer. Para la Unesco, «la ciencia y la igualdad de género son fundamentales para el desarrollo sostenible». Sin embargo, menos del 30% de la investigación científica en todo el mundo lleva nombre de mujer; y solo un 7% de las chicas creen que tendrán una profesión relacionada con la ciencia.

«Debería avergonzarnos no poder nombrar a más mujeres científicas además de Marie Curie y no saber qué cosas cotidianas o importantes las inventaron mujeres. La historia ha ocultado a la mujer y sus descubrimientos», asegura Olga Peñuela, estudiante de Ingeniería de Sistemas Electrónicos.

La falta de mujeres en estos campos se debe a factores como los estereotipos de género o la escasez de modelos a seguir son algunas de las causas de esta brecha de género. «Es muy importante tener referentes mujeres, si tu no ves que hay mujeres que hacen estas cosas, las asocias a los hombres. La ciencia y la tecnología también la hacen mujeres y no son frikis o raras», afirma Alicia Pérez Lorente, biotecnóloga e investigadora.

Buscar referentes en estos campos, también es clave para impulsar la demanda universitaria entre las estudiantes. Pese a que la presencia de mujeres en estudios universitarios es del 54,5%, en el caso de carreras como Física o Ingeniería, no llegan al 30%.

«Tener a alguien con quien puedas sentirte identificado es importantísimo, las chicas que podrían estudiar una ingeniería pasan por muchos años de educación orientada a esas carreras en aulas repletas de chicos y en mi experiencia eso puede ser intimidante, otras en casa se las desmotiva e intenta encaminar a carrera más tradicionalmente femeninas», reitera Peñuela.

En su misma línea, Alicia Pérez asegura que «la ciencia y tecnología siempre se ha asociado a los hombres, mientras que las profesiones de cuidados siempre se asocian a mujeres y eso tiene que cambiar». Y ese cambio comienza en la educación: «No hay que imponer nunca, no se trata de que todas las mujeres sean ingenieras, pero cuando pensamos en ingenieros, pensamos en hombres», reitera.

Para Olga, ser mujer en el sector tecnológico es «más difícil en el sentido emocional»: «Que cuestionen como una mujer ha conseguido un puesto o que las ideas de una mujer se escuchen menos o se le dé menos valor a sus conocimientos. La famosa actriz Hedy Lamarr conocida por ser la primera persona en aparecer desnuda en una película fue también la primera persona en inventar el Wifi pero nadie le hizo caso. Este tipo de cosas hacen mella y te desgastan pero vale la pena e invito a todo el mundo que si escucha algo fuera de lugar que plante cara», subraya.

Un estudio del CSIC revela que la cifra de mujeres que alcanza un puesto de poder en la carrera investigadora es tan solo del 25%. Alicia cree que esto se debe a que «la mayoría de investigadoras cambian su rumbo, ya que para progresar en tu carrera tienes que irte fuera, y la mayoría de las veces coincide en edades donde las mujeres quieren ser madres».

Lo que supone «un cuello de botella» para muchas, ya que «hay que dedicar mucho tiempo a la ciencia, porque es una carrera muy competitiva y normalmente las mujeres son las que reducen las horas y bajan el nivel; mientras que tus compañeros hombres no y te superan», dice.

Pérez piensa que esta situación cambiaría si se diese visibilidad desde los centros educativos y se organizasen charlas donde haya representación femenina: «En los libros de texto todos los genios son hombres. Nunca te cuentan que Ada Byron fue la primera mujer programadora, siempre la idea de científicos y genios va relacionada con hombres».

Y esta competitividad existe debido a la poca financiación. España destina tan solo el 1,25% del PIB a ciencia. «Es una vergüenza y un grave problema, deberíamos ponernos al día. Los países más ricos lo son porque han invertido en ciencia. Es necesario que todo el mundo entienda la importancia de la ciencia para la sociedad. Hay una falta de concienciación, es necesario saber lo importante y lo sagrado que es la ciencia. Es el motor para avanzar como sociedad, para que un país avance hay que generar conocimiento», concluye.

Olga Peñuela, ingeniera de Sistemas Electrónicos. L. O.

«Estamos perdiendo al 50 % del talento de futuras ingenieras»

 Olga Peñuela Jiménez estudia Ingeniería de Sistemas Electrónicos y desde siempre tuvo claro que quería dedicarse a «algo técnico». Uno de sus primeros recuerdos es con 3 años, en una fiesta de disfraces, donde todas las niñas querían ir de princesa y ella de fontanera.

«Siempre he tenido curiosidad de cómo y por qué funcionan las cosas, cuando en mi casa algo se ha roto siempre he querido desmontarlo e intentar averiguar cómo funciona y si incluso podía arreglarlo», recuerda.

Peñuela no duda en que la falta de representación femenina es la causa de que haya tan pocas mujeres en este sector y en las aulas universitarias: «Los referentes y la representación es muy importante, mientras no se incentive a las posibles futuras ingenieras que este es un camino que pueden coger estamos perdiendo al 50% del talento», reitera.

Antes de la pandemia, Peñuela impartía clases de robótica para niños y niñas en colegios de la ciudad, donde observó que la paridad en las aulas era similar, aunque en las carreras se disipaba: «Cuando todavía somos niños esta paridad es mayor, hablo desde la experiencia en los colegios. En mis clases siempre veía un número similar de niños y niñas», afirma.

Alicia Pérez Lorente, biotecnóloga e investigadora. L. O.

«Hay una gran brecha por todo lo que conlleva ser científica»

Alicia Pérez Lorente es biotecnóloga e investigadora. Cursó un máster en Biología celular y molecular en la UMA, y fue ahí donde se introdujo en el mundo de la investigación, gracias a una beca del CSIC.

A sus 23 años, está haciendo su trabajo fin de grado en el grupo de BacBio, dirigido por el doctor Diego Romero. Alicia se enamoró de este mundo y solicitó un contrato universitario para realizar la tesis doctoral en el mismo grupo: «Estudiamos interacciones bacteria-bacteria, bacteria-planta y bacteria-hongo. Mi tesis doctoral se centró en dilucidar cómo algunas moléculas de la matriz extracelular de bacterias del género Bacillus son capaces de inhibir a hongos patógenos de plantas, buscando aplicaciones biotecnológicas en el marco de la agricultura sostenible».

Su vocación por la ciencia comenzó desde pequeña, le interesaba la química y biología, le hacían regalos como un microscopio, y sobre todo tenía la curiosidad de que estaban hechas las cosas. «Es muy importante tener referentes mujeres, si tú no ves que hay mujeres que hacen estas cosas, las asocias a los hombres. También hay que cambiar la idea de que a la ciencia solo accede a gente brillante, eso es mentira. Para que el conocimiento científico avance se necesita a mucha gente que soporte todo eso y aporte, no es solo cosa de la elite».

A pesar de que la tasa de paridad en las aulas de ciencia la tasa es del 50%,»donde más desigualdades hay es en las fases posteriores». «Yo he sido tratada igual, pero es verdad que hay una brecha claramente, no por ser mujer como tal pero sí por lo que conlleva. Es una carrera que exige muchos sacrificios, como irte fuera de tu país una temporada y eso a veces es un impedimento para mujeres que desean ser madres o que ya lo son», declara.

Irene Gutiérrez Almendros, biotecnóloga. L. O.

«Las mujeres científicas no tenemos el reconocimiento»

Irene Gutiérrez Almendros, es biotecnóloga, especializada en horticultura. A sus 24 años se encuentra cursando su segundo máster, el primero fue en la Universidad de Salamanca donde cursó Agrobiotecnología. Actualmente estudia un máster en Horticultura mediterránea bajo invernadero, y lo compagina con prácticas en cultivos protegidos bajo invernaderos, donde se encarga del control biológico. 

Su interés por la ciencia nació en el colegio: «Se me daban bien las asignaturas de ciencia, siempre me ha gustado saber el porqué de las cosas», asegura. En cuanto a referentes femeninas, Gutiérrez piensa que «es muy importante que las niñas lo tengan». «Si unas niñas no ven esos referentes piensas que es imposible llegar y no es así. Debe haber referentes, que te fijes en ellas y quieras ser como ellas», reitera.

Irene cree que ser mujer científica «sí es más difícil que ser hombre científico» y denuncia la falta de reconocimiento: «Parece que las oportunidades no son las mismas, y sobre todo el reconocimiento que hay. Tendemos a pensar que el hombre es el investigador principal y la mujer es la ayudante o la enfermera, cuando no es así». Por ello pide que haya más concienciación y que «se enseñe siempre en igualdad».