Las matemáticas dicen que al Málaga le quedan un par de puntos para llegar a los 50, pero ya se respira con alivio en Martiricos y sienten el objetivo entre sus manos. Los de Pellicer hicieron los deberes ante Albacete y dieron el penúltimo bocado a la permanencia. Esta temporada sí que sí, los blanquiazules podrán vivir un fin de temporada con el único propósito de disfrutar y mejorar.  

El Málaga trató de arrancar fiel al estilo que está logrando el míster de Nules en los últimos meses, siendo un equipo atrevido, que propone y que prefiere tener el balón. Pero el colista y su enormes necesidades de puntuar no se lo iba a poner fácil a los blanquiazules. No obstante, en los primeros compases del encuentro los boquerones se instauraron en el área manchega generando fútbol. 

La primera llegada peligrosa del Málaga no tardó ni quince minutos en llegar. Jairo, a pase de Caye Quintana, se colocó frente a Bernabé, pero los defensas del Alba le taparon y no pudo controlar el último pase.  Cada vez que el Málaga perdía un balón, los rivales trataban de adelantar metros. Así, Zozulia a pierna cambiada intentó una medio chilena que finalmente no supuso mayores problemas para Juan Soriano y la meta blanquiazul. 

Después de algunos minutos de ida y vuelta en el césped de Martiricos y a balón parado, llegó la primera alegría para los locales. Tras un córner, el Albacete despejó el balón, con la suerte de que Ale Benítez esperaba atento desde los tres cuartos de campo. Hasta ahí llegó el esférico, el canterano estaba salo y envío un disparo en largo que finalmente remató Yanis Rahmani hasta el fondo de la red manchega. Un premio al francoargelino que todos los partidos trabaja con el que más pero no siempre obtiene recompensa.

Mientras, el Albacete quedaba tocado, pero luchando para no hundirse. Escasos minutos después del tanto de Rahmani, Ortuño lideró la respuesta manchega con un tiro peligrosísimo para Soriano, aunque el sevillano la despejó con los pies. Aunque de haber entrado el balón, habría sido anulado por claro fuera de juego.

El colista de la categoría fue creciéndose en el terreno de juego, intentando por todos los medios generar fútbol pese a que les costaba horrores. Y en cuanto el Málaga podía, salía al contragolpe pero tampoco creó mucho más en la primera parte, siendo el guardameta blanquiazul uno de los jugadores más destacados por sus paradas salvadoras. Despejes que, a su vez, mostraban las costuras del conjunto blanquiazul en defensa y dejaban una lección que ya deben saber al dedillo: cada error, en Segunda, se paga caro. Con ventaja, pero con el partido todavía por cerrar, ambas escuadras se marcharon a los vestuarios.

Para el segundo tiempo, los de Pellicer debían proponer más en ataque y en los primerísimos minutos el Albacete parecía llevar la iniciativa, pero en pocos instantes cambiarían las tornas en favor de los malacitanos. Primero Jozabed buscó a Caye Quintana para un pase en profundidad, pero el de Isla Cristina estaba en posición antirreglamentaria. Después, el Málaga CF llevó a cabo una contra de libro, para enmarcar. Arrancó Cristian desde atrás, Jairo condujo el balón y se lo dejó de una manera exquisita a Caye Quintana para este solo tuviera que rematar con la zurda. Nada pudo hacer el portero del conjunto manchego para evitar el 2-0 que daba aire y tranquilidad a los de Pellicer.

El gol supuso un importante desbloqueo a nivel mental para Caye, le dio fuerzas para mejorar su posición en el césped de La Rosaleda. Se perfiló para recibir desde atrás y lanzó un disparo que tocó la red desde fuera. 

El encuentro -y la salvación- se puso cuesta arriba para el conjunto de Menéndez, pero no desistieron y Zozulia siguió buscando portería. A pase de Jean Jules, el delantero ucraniano remató de cabeza pero Soriano atrapó el esférico a ras. Para dar descanso a los goleadores, y reservarlos para la recta final, Pellicer los sentó para dar minutos a Joaquín Muñoz y Scepovic. A los manchegos le quedaban las jugadas aisladas y a balón parado para tratar de rascar algo. Tuvieron ocasiones y dominaban la posesión, lo intentaron hasta el final, pero no lograron ni siquiera recortar las distancias en el marcador.

Con el pitido final, el Málaga sumó más que tres puntos en la persecución de la permanencia, el mejor premio fue confianza y calma para lo que queda, que ya es poco.