Hay muchos temas tabú, por lo que dejamos la modernidad que nos afanamos en lucir en una cualidad vacua y la pandemia ha intensificado un nuevo formato de censura en que se imponen posturas de forma arrogante. Argüir con templanza es sano para pensar y esta reflexión me lleva a la siguiente disertación:

EEUU declaró que no llevará representación diplomática ni oficial a los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín (febrero 2022) porque considera que China está violando Derechos Humanos, ¿Significa que a partir de ahora sus relaciones comerciales no serán puramente mercantilistas? ¿Se vetará la entrada de productos de estados que no cumplan con los Derechos Humanos, Protocolos Medioambientales, etc.?

Pues no lo sé, pero lo dudo.

Aquí enlazo con algo que no comprendo que nadie comente, respecto del proyecto Torre del Puerto de Málaga, quizá por no ser tachado de no sé qué, pero que como mujer no puedo evitar pensarlo: Si el proyecto lo financian, gestionan y explotan cataríes, pero el suelo es público cedido en concesión, ¿Nos están vendiendo a empresarios, empresas o fondos de inversión afines a una forma de gobierno autoritaria y monoteísta como el catarí?, ¿somos conniventes con su dominación y sometimiento de la mujer aunque simulen seguir nuestras reglas?, ¿significará esa torre una pieza de ajedrez que nos de jaque mate como nueva forma de conquista identitaria? Que el Rey Emérito se encuentre en Emiratos Árabes, de similar corte que Catar, es interesante en este ajedrez distópico.

¿Dónde están las voces entretenidas en el lenguaje inclusivo y nomenclaturas de género?

¿Nos tragaremos la Torre fálica catarí como baluarte de nuestro ‘skyline’ democrático’?

Vencidos por nuestras propias reglas del juego: €€€€...