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Vicente Almenara

LA SEÑAL

Vicente Almenara

Hasta que hierva la leche

Los taxistas conocen uno de los secretos peor guardados en España, saben que solo con leña al mono hasta que hable inglés acabaran con la competencia, las VTC en este caso -ya saben Uber, Cabify, Bolt-. Bueno, y con la paciencia de los ciudadanos a los que dejan sin servicio en los aeropuertos y estaciones de tren. Ellos detestan la liberalización de la tarta. Por eso hubo dos detenidos y una carga policial en Sevilla en la manifa del taxi contra el decreto, porque algunos son muy respetuosos en sus protestas. Como los okupas de Colmenar Viejo, que han gastado 319.000 litros en llenar la piscina, como la casa no es suya y no pagan el agua, la dejan correr. Habitan desde mayo y sin que nadie les moleste -hasta ahí podíamos llegar- la casa de una mujer de 97 años, que está en una residencia. Hortensia se llama la mujer privada de su propiedad mientras los guardianes de la ley silban una vieja canción. Y es que en 2021, el número de delitos relacionados con la ocupación alcanzó los 17.274, una media de 47,3 casos al día.

Y para que no nos alarmemos, las patrullas de censores exigen más mordazas, como antes mascarillas, para las ideas que juzgan nocivas, y piden la cancelación de quienes les molestan, que si no el personal se desmadra y se atreve a pensar por su cuenta, como José Errasti y Marino Pérez, que se han atrevido a escribir -y publicar, lo que ya es el colmo- “Nadie nace en un cuerpo equivocado”, y como era de prever las jaurías salieron a la calle. Hombre, algo contribuye la Lomloe, que empieza a aplicarse en este nuevo bachillerato en el que ya no hay calificaciones numéricas, no vaya a ser que los alumnos se molesten. Sin saberlo, aplican aquella máxima de Jean Cocteau, lo que te critican cultívalo, porque eso eres tú.

Menos mal que alguna buena noticia se cuela entre las rendijas de la realidad, como que el TSJA rechaza la querella de Juana Rivas contra el juez. Pero rápidamente vuelve el orden establecido y se produce un caso hasta ahora insólito y que desde ahora será frecuente: cambia de género y se libra de una denuncia por violencia machista. Porque solo un hombre puede perpetrar ese delito, una mujer no, ni lo piensen, que también podría ser delito.

Aunque de esto no hablamos en el almuerzo de la Tertulia en Beluga, que sí de la inflación, con Fernando del Alcázar, que sostiene la interesante idea de que debíamos haber integrado a Rusia en Europa. Tiene sus peligros meter al agresor en casa, pero ya saben que la teoría dice que es mejor tener al enemigo cerca, aunque tan cerca… no sé. El caso es que el BCE sube el precio del dinero el 0,75 y las hipotecas se disparan y más cosas que se van a disparar, la tensión arterial, el colesterol, la mala leche… solo cuando hierva la leche, entonces, nuestros problemas empezarán a tener solución. Mientras tanto, hay que pelearse con las operadoras de telefonía y los bancos, dos de los cuatro jinetes del apocalipsis que nos amargan la existencia, felicitar a Paco de la Torre de que sus arduas reflexiones hayan llegado a la decisión -que estaba tomada desde el principio con su señora- de continuar en la política municipal -que ya no tiene mayoría absoluta desde hace mucho, que no se olvide-, despedir antes de que se disuelvan en la nada a los últimos mohicanos de Ciudadanos -una experiencia efímera, otra vez será- y seguirle la pista a María Luisa Balaguer en su pugna con Cándido Conde-Pumpido para presidir el Tribunal Constitucional, que hasta eso es posible, aunque no lo parezca. También, para que la salud mental no decaiga demasiado, hay que leer a Christian Gerondeau su trilogía sobre la religión climática. Y otra cosa que podemos hacer también es hablar más con los amigos antes de que se vayan, o nos vayamos nosotros, porque después ya no hay charla que valga, como decía mi querido Carlos Blázquez, algo sucederá. Estoy seguro. Lope de Vega dio su opinión:

Amor, no pienses que te pintan tierno, porque lo mismo que pareces eres,

ni así desnudo, porque ardiendo mueres,

que no hay Scitia cruel como tu invierno.

Tu pecho es roble, tu interés eterno,

loco tu ardor, prestados tus placeres;

fingida y breve gloria, cuando quieres;

cuando aborreces, verdadero infierno.

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