Julia Juaniz (Navarra, 1956) lleva más de 30 años montando películas. Asegura que en cada una de ellas ha puesto «la vida» y no tiene favoritas, le gustasen o no. En sus planes no está la jubilación por eso dice que si con los años dejan de llamarla para montar, seguirá haciendo videoarte, pintando negativos y mil cosas más. «Yo trabajando soy feliz, eso es único en tu vida». Mañana el Festival de Málaga y la Academia de Cine le entregarán el Premio Ricardo Franco.

Este festival lleva 13 años consecutivos de sus 24 otorgando el premio Ricardo Franco. ¿Sigue faltando reconocimiento a los montadores?

Yo creo que eso va con los festivales. Hay festivales en los que se entregan premios al montaje, festivales donde no lo entregan y para mí, siendo un trabajo creativo, debiera existir en todos. También cuando se hace la reseña de películas, los críticos no ponen al montador y a mí eso me parece mal. No es que quiera que se le reconozca algo especial al montador, pero sí que esté el nombre ahí.

Estudió Medicina en Zaragoza antes de ser montadora, ¿llegó a terminar la carrera?

No. Yo desde pequeña quería hacer cosas de cine pero en ese momento no había escuelas como había ahora y mi familia no tenía nada que ver con el cine. Entonces empiezo a estudiar Medicina y en Zaragoza hay una escuela de fotografía que es muy importante, la Spectrum, y ahí aprendí más cosas de fotos. Vas conociendo más el cine y te das cuenta de que es lo que te gusta. Al final sí que dejé Medicina.

¿A qué altura de la carrera decidió apostar por el cine?

Nada más llegar a Zaragoza y ver que había esta escuela de fotografía, que había cine clubs, cine por la mañana, yo ya no fui (risas). El primer año hice todo bien, el segundo ya no... Mi hermano que era periodista estaba haciendo prácticas en Londres y fue la excusa para yo irme. Tenía la sensación de «o me voy y lo dejo o ya nunca lo dejaré».

e gustaba el cine desde siempre pero, ¿sabía que iba a acabar siendo montadora?

No. Cuando estoy en Zaragoza en la escuela Spectrum hacía cursos de fotografía. Luego leyendo libros, viendo cine, en coloquios, cuando estuve en Londres... acabas pensando qué es lo que te gusta. Me gustaba dirección, me gustaba cámara, por lo que yo sabía de fotografía. Y montaje había leído libros, todo el montaje de los cineastas rusos me fascinaba. Y todo son casualidades en la vida para mí, que empecé el meritorio de dirección en una película con Javier Aguirre, que me dejaron ir, luego pasé a una en cámara y luego necesitaban en Bilbao para montaje. Ibas probando. Y en ese momento no había mujeres en cámara, solo otra chica en Barcelona, entonces no era el mejor mundo para entrar en ese momento y al ir a montaje empiezas a aprender, que no sabía. Yo sabía de cine pero no sabía hacer cine, y poco a poco me dejaron seguir.

Habla de la presencia de la mujer en puestos de dirección, en la cámara...aquí en el Festival se lucha por la paridad entre las películas seleccionadas... pero ¿cómo ha sido la evolución en el mundo del montaje?

Cuando empezó el montaje eran mujeres y de hecho en España estaba Madame Ochoa, Mercedes Alonso, que son olvidadas. Son mujeres que han hecho un trabajo en películas buenísimas y nadie las recuerda. Eso me da tristeza. Luego también hay directoras muy olvidadas, yo nombraría a Margarita Alexandre, que fue productora, directora, sabía montar, hacía de todo, se fue a Cuba... claro que hay una parte de la gente que la conoce, pero ese reconocimiento no lo tienen. Hoy en día el montaje, estoy segura, hay más hombres que mujeres.

Después de 30 años de carrera y 60 películas, ¿de qué película está más orgullosa?

De todas las que he hecho. Creo que cuando has montado películas lo has hecho por algo, alguna vez he hecho películas que no me parecían tan buenas, pero me ha dado para comer, entonces por eso lo he hecho. Y si alguna la he hecho mal, también es importante. En cualquier película que hecho he puesto mi vida, no voy a decir una, todas me han dado cosas buenas.

¿Y algo que le gustaría montar, algún tipo de historia o género que se le haya escapado?

Yo diría un cine experimental, cambiando lenguajes nuevos del cine, me parece interesante ese tipo de cine. Esas películas que son como difíciles pueden emocionar mucho, contar muchas cosas. Ese tipo de cine me interesa pero también el de acción a veces. Películas para niños, pero inteligentes no como que sean tontos, películas sobre mujeres interesantes que han existido, que se las conozca; documentales es un campo que me interesa muchísimo...

¿Es verdad que al final de cada obra suya escribe SIN FIN porque no lo tienen?

Sé que lo utilizaba Val del Omar, que hacía cine experimental, pero antes de él lo ha hecho más gente. Sí, porque el tipo de videoarte o cine experimental que puedo hacer yo es un cine sobre la mujer, los niños, los problema sociales, la emigración, sobre las guerras... entonces creo que repetimos lo mismo. Las guerras siempre se repiten, así que ¿cómo voy a ponerle un fin?