Gary Miller y Scott Peters se conocen desde que eran jóvenes, los dos son de California, el primero republicano, el otro demócrata. Desde que empezaron a oír ruidos extraños y entró en la Cámara de Representantes personal de seguridad, se levantaron y se pusieron a hablar. Más tarde, evacuaron a los 534 legisladores al sótano del Capitolio. Allí, Gary y Scott, con algunas incorporaciones de otros congresistas, intentaban explicarse las imágenes que seguían por sus móviles.

Los sediciosos habían entrado dejando a la izquierda el Senado, a la derecha estaban ellos, en la Cámara. La multitud hizo lo que se esperaba, destrozar mobiliario, lanzar bengalas, usar los extintores, hacerse selfies, robar recuerdos y enfrentarse violentamente con la Policía, claro. Hubo varios muertos. El discurso de Trump había tenido lugar hacía menos de dos horas cerca de allí, en el Mall, el parque del centro de Washington. Los manifestantes no habían pasado excesivo frío de lo animados que iban algunos, a lo que ayudó el whiskey de Tennessee.

Capitol Hill es un distrito histórico y el barrio residencial más grande de Washington. El complejo legislativo se eleva en la cresta de una colina y ahora había sido asaltado por los enemigos de la democracia, que se negaban a la sucesión presidencial invocando fraudes que habían rechazado todas las instancias judiciales, pero ellos -muchos, negacionistas del famoso virus, creyentes en la secta QAnon, amén de los Proud Boys- sabían más que nadie y pasarían a la acción, sin importarles si cuestionaban la democracia más grande y poderosa del mundo.

Gary le preguntó a Scott, cuando bajaban apresuradamente hacia el sótano, si creía que aquello podía pasar. La verdad es que no -le contestó su compañero, adversario político pero amigo desde los tiempos de la UCLA, la Universidad de California en Los Ángeles-. Ahora lo tenéis jodido los republicanos, esto os va a pasar factura durante muchos años.

-Por eso pensaba que hasta lo podíais haber organizado vosotros -y se rio, pese a la tensión del momento, concitando miradas sorprendidas-.

- Vosotros, los republicanos, siempre con conspiraciones a cuestas, sois el elefante, sí, pero en una cacharrería. Nosotros somos más humildes, nos representan como un burro. Pero vamos a gobernar, Gary.

- Estoy de acuerdo, más que haber hecho algo mal -que algunos como Ted sí lo han hecho, y peor- es que no hemos hecho lo que debíamos, y ahora lo estamos pagando. Pero siempre me he preguntado si no había otra opción, si necesariamente el movimiento patriótico que se ha puesto en marcha tenía que ser con este payaso y no podía ser liderado por alguien más serio. No obstante, el estúpido ha hecho cosas buenas, reconócelo.

- Ahora, no se le va a recordar por ninguna de ellas, se ha hecho el seppuku, ya sabes, como los japoneses suicidas. Pero te hago una pregunta, Putin es seguro que se estará frotando las manos, ¿no estará detrás? Los rusos siempre han jugado muy fuerte.

- Este y otros secretos creo, y me gustaría equivocarme, no los vamos a ver desvelados, como ya pasó en 2016 -en esos momentos, varios congresistas atendían a una demócrata que había sufrido un desmayo, quizá por la ansiedad, mientras que un médico de la institución se abría paso entre los corros de los reunidos a la fuerza en unas instalaciones que no estaban preparadas para esta visita por sorpresa y masiva-.

- Mira, Gary. El mayor daño es a la democracia americana, no a nosotros. Es cierto que en casi todos los países se han producido golpes de Estado y hay otros personajes como este camorrista, pero ninguno tenía tanto poder, ni la reputación de los Estados Unidos de Norteamérica.

- Scott, después del día 20, Trump se irá a jugar a su club de golf en Virginia y nos dejará a nosotros tirados por los suelos pero te aseguro algo, esta es una vacuna más potente que la de Moderna. Créeme.

Después, se reanudó la sesión, con el todavía vicepresidente Mike Pence, y se ratificó el resultado de las elecciones de noviembre. Finalmente, derrotado, Trump se comprometió a una «transición ordenada» al presidente electo, Joe Biden. Benedeti había dejado sobre el papel:

El olvido no es victoria

sobre el mal ni sobre nada

y si es la forma velada

de burlarse de la historia,

para eso está la memoria

que se abre de par en par

en busca de algún lugar

que devuelva lo perdido.