Lunes. Nada mejor para conjurar una cierta depresión lunera que internarse en una librería, que también es una buena manera de hacer tiempo para el vermú. «Hacer tiempo». Ojalá, ojalá pudiéramos fabricarlo. Echenoz saca novela, lo cual es un gran motivo de felicidad. Leo solapas. Magreo volúmenes de historia. Compro «Sacramento», de Antonio Soler. La tarde enfrascado en su lectura. Desfilan por el texto personajes, amigos, que uno conoce. Don Hipólito y sus hipolitinas, menudo historión. Fornicaciones en el altar. Soler maneja un doble tiempo: la historia de este cura (su auge: la década de los cincuenta) y su investigación detectivesco-literaria sobre él, que comenzó en los ochenta. Hay una escena deliciosa, una de tantas: él, una señora y Rafael Pérez Estrada en una cafetería hace muchos años. Gran conversación. Su prosa nítida y cautivante me lleva hasta la hora de la cena. A mi hijo le hace gracia la forma de los brócolis. Resisto, de milagro, la tentación de echarles mayonesa.

Martes. El gran Pepelu Ramos, periodista, me recibe en Canal Sur con un chiste que no puedo parar de recordar y contar durante todo el día. Ya en mesa, con Belén Martín y Fernando de la Guardia a los mandos de «Hoy en Día», comentamos los disturbios de Cádiz. La zona más castigada por el paro de España necesita de una vez un gran plan económico (o sea, pasta). Y no tantas promesas o inacciones, que duran décadas. Animo a los trabajadores a ponerse firmes y a lograr un buen convenio colectivo. 20.000 familias en vilo. Cádiz no se rinde. Al terminar mi intervención me vuelvo a acordar del chiste, cuando en realidad me tengo que concentrar para abordar otro asunto. Tengo que trabajar más lo de establecer compartimentos estancos en el cerebro. En los compartimentos estancos deberían vender tabaco.

Miércoles. Hablo con el poeta Manuel Salinas (’A la altura del corazón’), que me recluta para el jurado de un premio literario que otorga un ayuntamiento de la provincia. Dudo si escribir la columna sobre la actualidad política andaluza o acerca de lo que echo de menos los baños en el mar. En una utilizaría la palabra bocachancla y en otra, chancla. Almuerzo comida oriental. Como Almería está también a mi oriente añado unas gambas de Garrucha.

Jueves. Desayuno en un hotel. Los caballeros con los que voy no aceptarían otro lugar. Hay que ver lo euforizante que es el art decó. A nuestro alrededor, gente que va y viene con los zumos y los bollos. Huele a persona recién duchada. Un matrimonio de cierta edad y seguramente ambos con decenas de generaciones de antepasados rubios, consulta un mapa de la ciudad. Que digo yo que será de la ciudad, no va a ser el mapa del tesoro o el mapa de Coimbra. Ella le echa mucha mantequilla a unos panecillos. Si los panecillos hablaran pedirían jamón york. Los imagino luego saliendo a la calle. A ellos, no a los panecillos. Acudiendo al Museo Picasso, tal vez al Pompidou, paseando por el Muelle Uno, atizándose un pajarete y haciéndose selfies en el Teatro Romano. Tal vez en esta ciudad se revitalice su matrimonio o sea rompa. Quizás están muy enamorados y esta sea su escapada primera luego de un corto flirteo en Oslo, Liverpool o Bremen. Podrían tener el detalle de hablar y que yo supiera de dónde son. Aunque lo de distinguir el finlandés del danés lo llevo regular. El aceite en monodosis es un gran invento siempre que sea fácil de abrir.

Viernes. Tenemos algo que celebrar. Beach del Villapadierna, Benahavís. Amaya me dice que pruebe el bloody Mary. A la vista, hay olas en un mar de expectativas.