El PP, más conocido últimamente como ese abrevadero de torpes donde siempre hay sitio para uno más, se ha convertido en el sueño húmedo, la fantasía sexual de Frank Underwood. Lo último entre Casado y Ayuso, García Egea mediante, es hacerse un Froilán, pegarse un tiro en el pie, en toda regla. Supongo que cada uno hace lo que ve en su casa. El sainete político no tiene desperdicio. No se recordaba un suicidio político en directo tan fratricida y cruento desde aquel cara a cara entre Jesús Gil y Julián Muñoz echándose en cara las bolsas de basura llenas de dinero.

Sendos dirigentes populares no han dudado en lavar la ropa sucia en público al más puro estilo Mediaset. Primero entra Casado con Carlos Herrera, y al rato aparece Ayuso para desmentirle. Ahora falta que el hermanísimo se haga un Poli Deluxe mientras Teodoro se conecta desde Honduras para despejar toda duda sobre su estupidez. Y entre dimes y diretes el público se va decantando. Según El Confidencial con amplia mayoría en favor de la chulapa. Y los barones silbando y mirando al infinito mientras antiguas referentes como Aguirre, Villalobos, Cifuentes o Álvarez de Toledo (curioso, todo mujeres) hacen leña del árbol caído y arremeten contra el lanzador de aceitunas con saña vengativa. Sus razones tendrán, digo yo.

He repetido en varias ocasiones desde esta columna que, según Montesquieu, la política es el arte de besar manos que se desean ver cortadas. Y eso cuando tienes al adversario de frente, al otro lado, perfectamente ubicado y reconocido; pero algunos obvian que Sun Tzu tampoco era gilipollas y nos recomendaba tener cerca a los amigos, pero aún más cerca a tus enemigos. Eso pasa cuando te crees más listo que nadie y llegas a la política desconociendo que hay gente que ha olvidado cosas que tú aún ni has aprendido. Experiencia lo llaman. Por eso dimite Carromero, porque vendió su alma al diablo para ser extraditado de Cuba hace diez años y le ha tocado devolver el favor. Una década para cobrar no es mucho en política, y menos si con tu sacrificio salvas a algún líder. Gracias por tus servicios, te echaremos de menos, y bla bla bla. Que pase el siguiente.

Es que no está faltando ni un detalle. La misma noche del jueves los muy cafeteros se acercaron a la sede de Génova para pedir dimisiones. No se tenía constancia de tanto fervor popular desde la última orgía en los probadores de Barbour. Y cómo olvidar al sempiterno mariachi enviado para la ocasión por Forocoches. Al día siguiente, para colmo de males, sale ardiendo el techo de la sede de la Comunidad de Madrid, y un humo blanco, puro, casi papal diría yo, se elevó al cielo en señal para muchos de nuevos tiempos.

Por su parte, antiguos contrincantes como Pablo Iglesias o Iván Redondo, salivan en la sombra, odiándose por no estar en primera línea de batalla para sacar jugo de este gore de casquería sin igual. Porque ellos ya han pasado por eso, saben bien lo que es la traición. O la han urdido o la han padecido. Lo más curioso es que todos aquellos que ahora aplauden ante el lamentable espectáculo parecen olvidar la junta federal del PSOE de 2016 que llevó a la dimisión de Pedro Sánchez tras una vergonzosa jornada de insultos, puñaladas y acusaciones. Y mírenlos ahora, gobernando y todos tan amigos.

Querido lector. No olvide que son políticos, tienen tripas por estrenar. Cualquier día nos invocan la parábola del hijo pródigo, que esto pasa hasta en las mejores familias, y a otra cosa mariposa. Algunos quedarán por el camino y otros saldrán fortalecidos, va en el sueldo. Para entonces, la poca o nula confianza que nos generan unos y otros, de este u otro color, ya no encontrará reparo. Ellos saben que mientras se baraja no se pierde, y que las sillas seguirán moviéndose. Cuántos del PP no se arrepienten ahora de no haber elegido entonces a Soraya Sáenz de Santamaría. Núñez Feijoo hace como que no va con él, pero no puede evitar una sonrisa placentera. Y VOX abriendo los brazos, y el PSOE apretando el culo. Pero eso ya es otra historia, como la imputación a Colau, la investigación policial al marido de la directora de la Guardia Civil, etc. A quién le puede importar eso, con lo entretenidos que nos tienen con los payasos en la tele. Con perdón de los payasos.

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«Solo puede quedar uno» . Connor MacLeod. Escocia (1518- ).