Opinión | Arte-Fastos
Javier Calleja y los ojos del gato
Una mirada a la exposición 'Mr. Günter. The Cat Show', en el Centro Cultural Unicaja

Una imagen de la muestra de Javier Calleja. / Álex Zea
Nada más entrar en la sala, nos recibe un Mickey Mouse montado sobre una peana, con los brazos abiertos, ojos grandes y media sonrisa; avanzamos y el mismo personaje nos interpela por su descomunal tamaño, y más allá un gigantesco gato negro de esclerótica amarilla nos anticipa una anomalía, en la escala o en el concepto (o ambas), y nos confirma que ésta no es una exposición al uso. Se trata de la muestra 'Mr. Günter. The Cat Show', que el malagueño Javier Calleja exhibe en su ciudad natal (Fundación Unicaja) y que revisa su producción desde 2017. Sus comisarios, Alicia Gutiérrez Mármol y Shinji Minamizuka, han planteado un recorrido cronológico que comienza en la planta baja con su obra más reciente y exitosa: la reinterpretación sugestiva de símbolos predominantes en la cultura de masas, sin duda la que más fama y cotización le ha reportado internacionalmente; circuito que prosigue en el piso superior con trabajos anteriores donde reflexiona sobre cuestiones y dicotomías artísticas, tales como magnitudes (grande/pequeño) o esquemas lógicos (simple/complejo).

Una de las piezas de la exposición / La Opinión
Transitar por este corpus iconográfico implica el descenso a un mundo de fantasía, poblado por un sinnúmero de toys, gadgets y esculturas de diverso tamaño y viva policromía; muñecos de rostros cándidos y ojos desmesurados que remiten a un universo infantil, ajeno, en apariencia, a toda responsabilidad, historia o narración. Esta galería de personajes de bulto redondo se complementa con los dibujos originales, bien enmarcados, bien ejecutados en pared, que indican el proceso creativo, desde la idea primigenia hasta su materialización definitiva. En ocasiones, Calleja descarta la afasia de sus criaturas y refuerza el énfasis gestual mediante la incorporación de palabras o textos, con mensajes de complicidad o superación ('You got me', 'Near you', 'Second change always') o quizá irónicos o reivindicativos de su praxis, no siempre aceptada por los connoisseurs ('Bye, bye, bye', 'Why not?', 'No art here').
Precisamente esta afinidad con la estética de lo dulce, lo suave o lo tierno, incorpora al malagueño dentro de esa tendencia contemporánea de la infantilización de la cultura, «de la regresión de carácter infantil de la población adulta» (Lipovetsky), y que en arte adopta diversos nombres, como peluchismo (Fernando Castro Flores) o cuqui (Simon May). Pero esta faz tierna y vulnerable, incluso encantadora, puede encubrir un cuerpo perverso y polimorfo, como ya advirtió Lyotard; un cuerpo que oculta –o disimula- un misterio, una incertidumbre o una desilusión; peor aún, la desconfianza en el porvenir o en nosotros mismos. Por eso Javi Calleja sitúa a Mr. Günter en primera línea y a la defensiva: no se fía de aquellos que pretenden ser eternamente jóvenes.
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